Atardeceres, política de campanario y sentencias “progresistas”

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La luz ha alargado lo días y las calles, poco a poco, se van volviendo más bulliciosas. Los habituales lugares de paseo se reactivan y se llenan de niños y abuelos repartiendo espacio y tiempo con los habituales de todas las estaciones.

La primavera activa la Naturaleza y las lenguas se vuelven más activas a medida que hay más personal en la calle. Los “me dijeron”, “parece ser”, “me han comentado”, “¿te has enterado?”, “¿no sabes que…”, proliferan y renacen a mayor velocidad que las hojas de los árboles del Paseo del Vino en Cangas; el de los Frailes, en Tineo; o el Parque del Toral en la Pola de Allande.

Todo se activa y revitaliza. ¿ Todo?. No, la política, entendida en su sentido primigenio de arte de gobernar la ciudad, no. Tampoco entendida como el arte de hacer realidad lo posible en el gobierno ciudadano.

Sí se reactiva la política de campanario, el politiqueo de aldea y plazoleta para el que son perfectamente válidos todos los dimes y diretes antes señalados como premisas esenciales del cotilleo más activo al que aquí se agrega estos otros: “ sé de muy buena tinta que…”, o “ alguien que estuvo allí me asegura que…”. No más pues que el puro cotilleo aplicado aquí a partidos políticos o sucursales de Oviedo en nuestros concejos algunos de cuyo miembros se imbuyen de mesianismo y se creen reencarnaciones de Cánovas y Sagasta cuando no, yendo más allá, de Demóstenes o Cicerón. En realidad no pasan de correveidiles de esquina y barra que impostan la voz soltando puerilidades hueras y totalmente vacía de contenido o toda una batería de acusaciones a “los otros”, culpables de todo lo malo sucedido.

Las tardes se alargan y con ellas la luz. El sol acaricia campos y regatos y Leitariegos, poco a poco, comienza  a perder la nieve. Es la estabilidad imperturbable de los ciclos naturales. Tan imperturbables o más que continúan nuestros gobernantes ya sean nacionales, regionales o locales. Cada uno, en el campanario de su parroquia, arenga a los suyos y tan solo mira para su ombligo y el de su partido. Hablan y no callan de cientos de asuntos que a la ciudadanía ni le preocupan ni le interesan y, en cambio, ni se acercan ni abordan aquellos que de verdad aprietan, ahogan y mantienen a los ciudadanos hundidos, desmotivados y callados. Virgencita, virgencita que me quede como estoy.

 Y el “dejar hacer , dejar, pasar” la  expresión francesa liberal  contra el intervencionismo, la llevan a rajatabla en todo menos en lo que a la aplicación de nulos o bajos impuesto se refiere que también estaba, y está,  implícito en la misma. La traducen por “dejad que las cosas se pudran y no abordemos los problemas y, ni siquiera miremos para ellos”.

Y así, mientras cada comunidad, provincia o aldea va a lo suyo y habla únicamente de sus derechos con aquello de “lo mío es lo mío y lo demás lo repartimos”, los jueces siguen a su bola y así uno de ellos considera que propinar sesenta puñaladas a su mujer no puede considerarse como ensañamiento en virtud de no que consideraciones y considerandos, y otro asegura que en los ataques de los filoterroristas a la policía el pasado sábado día 22 no se aprecia intención de hacer daño y por ello los deja en la calle. Y mientras   sentencias, pleitos y denuncias de la ciudadanía de a pié duermen en el baúl de los recuerdos, que se preparen los chinos y americanos que  como se muevan nuestro jueces no tardan ni un día en  salir a los medios de comunicación anunciando que ellos serán los paladines de la justicia universal. Y mientras, justo al lado de la Audiencia Nacional, en Madrid, lo vándalos destrozan mobiliario público, incendian lo que pillan o rompen escaparate amenazando los negocios e impidiendo el desarrollo normal de la vida diaria. Ni los ven ni lo sienten. La culpa debe ser también de los recortes.

 Crónica para “La Máquina” de Onda Cero

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