CANGAS DEL NARCEA.- Agosto ha amanecido triste envuelto en nieblas y orballos

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Agosto ha amanecido triste. La persistente niebla se enreda en las ramas de los árboles que sueltan goterones sonoros entre sus hojas en su viaje hacia el camino solitario. El orballo ha hecho larga la noche al igual que los jóvenes son crean jornadas  festivas nocturnas de veinticuatro horas o más.

Con la niebla, el silencio. Tan solo un murmullo de aguas mudas colándose entre el ramaje, entre el enrejado, entre las sillas y la mesa abandonadas de la terraza.

Pese a las fechas, la aldea aún no ha despertado de sus silencios invernales. De ese invierno largo, tan largo que hace ya varios años que es único. Un invierno de soledades, fríos y lluvias. De largos silencios del hoy tan solo rotos por los gritos, también silenciosos, de la memoria común de sus pocos vecinos.

En esta primera mañana de agosto ni siquiera las chuecas de las vacas rompen la monótona monotonía del camino. Ni siquiera suena el agua de la fuente. Ni un ladrido, ni una voz, ni un mugir lejano.

IMG_20140801_095407Ni en las pocas y empinadas calles de tierra del pueblo, ni en el camino que me aleja de ella encuentro a nadie. Tal parece que la niebla se ha convertido en blanquecina mortaja de la aldea y de quienes en ella habitan: pocos, mayores y viviendo un ayer que ya no existe.

El bullicio de antaño tan solo permanece en la memoria de unos pocos, cada vez menos, que viven acariciando ayeres perdidos de hierbas, de meriendas, de filandones, de ladridos alegres y del mugir del ganado por los prados llenos de vida y libres de maleza.

Agosto ha amanecido triste. Esta tarde comenzará a llegar vida a ésta y a otras muchas aldeas del concejo. Seguro que levantará la niebla y  el sol tímido que se anuncia animará a los vecinos a salir a calentarse a antojanas y portalones.

Desde diversos lugares de España llegarán a los pueblos lo hijos y los nietos de aquellos emigrantes que dejaron el concejo en busca de nuevos caminos, de nuevas vidas. Son cada vez menos. Desde la segunda generación los lazos con la aldea primigenia se aflojan, los recuerdos se difuminan y los matrimonios interregionales dividen cariños y lealtades.

Ya al atardecer habrán llegado los primeros y animarán cruces y plazoletas. Y habrá saludos y besos, y retahílas de preguntas inquiriendo sin reparo alguno en todo aquello que pueda ser factible de comentario y charloteo, programas de telecinco incluidos.

Y mañana la escena volverá a repetirse por las calles de la villa cuando unos y otros acudan a la compra. Es sábado y, por ende, día propicio a los reencuentros veraniegos anuales.

Durante unos días, los pequeños pueblos y aldeas respirarán de nuevo vida, levantará la niebla del largo olvido invernal y hasta sonarán, como antaño, risas de niños. Lo que no volverán son los cantarinos en el chigre. Ni los chigres.

Agosto ha amanecido triste envuelto en nieblas y orballos

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