BERZOCANA.- Hace Frío

Tras una pequeña temporada ausente, alimentando quizás de nuevo la mente tras la descarga de su último libro, Fulgencio vuelve hoy a este página que es también un poco la suya, como un nuevo artículo. Acorde con las inclemencias meteorológicas de estos días, Ful nos habla del frío y, como siempre, nos sorprende con el giro final.

 

frio

HACE FRÍO

Hace frío, dicen todos cuando entran en mí casa desde  la helada calle.

Hace frío, mucho frío. Hiela,  nieva,  y  hay escarcha. Cuando me meto en la cama por las noches tengo frío. Me acurruco entre las mantas, y ya no tengo frío.

Pero,  no puedo dormir, y estoy cansado, cierro los ojos, aprieto los parpados, me pregunto a mi mismo: ¿Por qué no duermo? Mi conciencia está tranquila, y la casa en silencio,  estoy yo solo, nadie me molesta.

Me levanto cansado de dar vueltas, miro al reloj y son las dos y media. Miro por la ventana, no veo a nadie, la calle está desierta.

Pero algo llama mi atención: un  cuerpo humano,   distingo su silueta, no  sé si es un varón o es una hembra.

¿Quién será a estas horas?, me pregunto. ¿Será un borracho?. Que siga su camino. ¿Será un mendigo?.  Que llame a cualquier puerta.

Suena el timbre de  mi casa, me están llamando, me pongo la bata, bajo las escaleras. ¿Quién es?, ¿Quién es?, pregunto con insistencia. Miro por la   rejilla de la puerta.

-Soy tu hermano Jesús y estoy helado. Tengo hambre y sed, y estoy desnudo y enfermo, me persigue la justicia, pues soy un forastero.

A mi mente me vienen unos versos que de niño aprendí en el colegio, Lope de Vega fue su autor en el siglo XV.:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Y así han pasado ya cinco siglos desde que Félix escribiera estos versos, y Jesús sigue llamado a nuestras puertas, y nosotros seguimos respondiendo: Mañana te abriremos

                                                                                  Fulgencio Rodríguez Mera

                                                                                              6 de febrero de 2015

                                                                                              En plena ola de frío

 

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