CANGAS DEL NARCEA.- El oso, el turismo y el medio

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La primera jornada de trabajo del congreso sobre el oso celebrado  en Cangas del Narcea puso sobre la mesa la necesidad de establecer una regulación del turismo dedicado a la observación de la especie para minimizar el impacto sobre la población osera.

“El turismo puede jugar un papel a favor de la conservación del oso siempre que se haga desde un enfoque educativo y esté bien gestionado y regulado para minimizar los impactos. Esta es una de las principales conclusiones  del congreso ‘Oso: Conservación, Ordenación y Desarrollo Rural’ que se celebró en Cangas del Narcea.

Según Andrés Ordiz, investigador de la Universidad Noruega, dentro de las actividades turísticas con el oso como reclamo “no debería estar la observación directa de la especie”. Reconoce que, desde los años 80, el censo de osos está en crecimiento en la cordillera Cantábrica, pero subraya que el tamaño de la población es pequeño y que continúa siendo una especie en peligro de extinción cuya viabilidad no está asegurada a largo plazo.

Expertos y empresarios del sector turístico coincidieron en la necesidad de poner “reglas” al ecoturismo para que sea una actividad responsable y adecuada a la conservación del medio natural y de las especies de fauna.

La idea de que la especie se ha recuperado, aseguran, es la que ha llevado a la “proliferación de ofertas” para ver osos, sin tener en cuenta los efectos negativos que esta actividad puede implicar. “Los osos rehúyen al hombre y el contacto cambia su uso del hábitat, sus movimientos, periodos de descanso y patrones”, señaló. Ordiz cree que “estamos haciendo las cosas al revés; en vez de limitar y tratar de no molestar, se habilitan aparcamientos y miradores para que la gente pueda parar y ver osos a distancias muy cercanas”.

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No obstante, reconoció el efecto positivo de un turismo con un enfoque educativo. Él fue el primero en exigir una regulación para las actividades turísticas “porque estas no deben tener interferencias con la especie”.

Como quiera que “no todo es compatible, hay que medir cada paso con mucho tiento al decidir las actividades a programar” y la interacción directa no puede ser una de ellas, al menos sin una evaluación rigurosa y una regulación.

Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP), coincidió con Ordiz en plantear una regulación de la actividad turística. Desde su punto de vista, los osos se han convertido en “una oportunidad” para atraer visitantes a las zonas rurales, lo que para él tiene el efecto positivo de que “la población vea al oso como un aliado del desarrollo rural que genera beneficios”. Sin embargo, hizo hincapié en que esos beneficios deben obtenerse a través de una “actividad sensata y nítidamente regulada para que el turismo no sea un problema para los osos”.

Desde el sector turístico, Ana Llano, presidenta de la Asociación de Turismo Rural del Suroccidente, se mostró de acuerdo con las iniciativas  aunque advirtió que  el turismo de observación “explosionó y necesitamos un poco de regulación, ordenación y educación, empezando por las empresas de turismo rural, para poder transmitirla a los clientes”.

Durante la jornada, también se conocieron experiencias en el sector del ecoturismo. Entre ellas, el Club de Turismo Ornitológico Birding in Extremadura, con una larga trayectoria, cuya responsable, Vanesa Palacio, manifestó que el turismo y la conservación no tienen por qué estar reñidos: “lo ideal es que puedan convivir las dos actividades, y es posible”.

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