La foto y su pie: Nieve

¡Alerta!, ¡Alerta!.. ¡Viento!… ¡Nieve!… ¡Nieve! ¡Peligro!

Radios y televisiones se repiten. Son las ocho de la mañana. Uno se despereza saliendo de la cama. Desde la ventana no se ve nieve alguna en las montañas que rodean Cangas. Sin prisas salgo a mi paseo matinal. Seis grados, nada de viento; de vez en cuando caen algunas gotas que ni siquiera te obligan abrir el paraguas.

A la altura de San Tiso, un árbol abre sus ramas ante el paseante. Están blancas, de un blanco inmaculado con reflejos de gota de lluvia. La nieve se ha trocado en flores de primavera. Una primavera que, según dicen los que de ello saben, ha adelantado su inicio en esto últimos años en unos veinte o veinticinco días. Este año también.

San Tiso arriba, en las montañas, el verde sigue sustituyendo al blanco tan anunciado.

 

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