Yo ya estoy empoderado, ¿y usted?

Haciéndome cruces, pero de Calatrava, me tienen. No sé qué diría mi amigo Xuan al respecto, o respective como él mismo precisa, pero el caso es que llevo la mañana dando vueltas a la frasecita y cada vez me aclaro menos. ¿Podrían ustedes ayudarme?

Un conspicuo líder de Podemos declara que una de las soluciones o no sé qué complicado problema económico y social es “la creación de espacios de empoderamiento popular”. ¡Toma ya!

No sé si esos “espacios” son físicos, etéreos, nubes de bites, filosóficos o parcelas de terrenos. Y menos aún que demonios es eso del empoderamiento que como virus gripal, con diarrea incluida, ha pillado a todos nuestros políticos, adláteres, tertulianos y abrazafarolas (que decía García) de tal forma que babean con la palabra en la boca cual terneros al divisar la teta de la madre. Y si unimos el espacio, el empoderamiento y el popular, me pierdo por completo aunque, ¡líbreme Dios de decirlo en público!, podía ser acusado cuanto menos de homófono o fascista.

Pero la situación se agrava por cuanto conocemos que en determinadas Universidades inglesas se  están creando “espacios seguros” en los que prima esencialmente, y por encima de todo, el no molestar. Para ello ha de cuidarse extremadamente el leguaje; Y se lleva hasta tal extremo que la libertad de expresión queda totalmente coartada por lo políticamente correcto e incluso llevan a la Universidad “a inmunizar la vida académica frente al desafío intelectual y el debata de divisiones enfrentadas”.

El propio temor a romper la corrección lleva a una feroz autocensura bastante peor que la que venía impuesta por dictaduras de uno u otro signo por cuanto ésta (la censura) se produce en las dos direcciones. Desde fuera, por los ayatolás de lo políticamente correcto; y desde dentro, por el temor del dicente a ser considerado paria de lo progresista y acusado de cualquier barbaridad que la izquierda rampante se haya apropiado bajo su particular sello de portadora de la intelectualidad.

Univetrsidad de UCLA

Sírvanos de referencia el hecho de que en la Universidad de UCLA, en Los Ángeles, un profesor devolvió sus ejercicios a los alumnos marcando fallos gramaticales. ¡Lo estudiantes le acusaron de “microagresión”!. O la de New Hampshire que ha dado una lista de palabras que no deben utilizarse, sino que han de ser sustituidas por eufemismos o impedir los aplausos en las conferencias o actos porque “se puede crear ansiedad en algunos asistentes”. Así mismo grupos feministas señalan que las palabras “maternidad” y “paternidad” no han de ser utilizadas porque marcan género.

El caso es que estoy ya hasta los mismísimos cataplines (en el lenguaje correcto) de tanto cipotudo lleno de pamplinerías y melindres a los que el modernísimo personal de nuestros días jalea y aplaude al igual que lo hace con Belén Esteban y otros conspicuos personajes que marcan el paso a nuestra preparadísima sociedad.

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