NARCEA/BERZOCANA.- Compartiendo camino con el oso en Larna

Aunque nacido en un pueblo de las estribaciones de las Villuercas, es ya el paseante especialmente urbanita y como tal se comporta.

Día a día, mañana y tarde, me dejo ir por el mismo camino evitando aquellos de cuestas pronunciadas o aguas estancadas y barrizales de lado a lado tan abundantes en esta Asturias de las Cangas del Narcea.

Suele también no ir muy pendiente del suelo y sí dejar que la vista se recree en las copas de los árboles, muchos y de muy variados tamaños, pero cuyos nombres se me escapan dado mi analfabetismo rural. En estos días no cantan mucho los pájaros. Tal parece que, como los habitantes de las aldeas, también han emigrado en busca de nuevos horizontes. Apenas logro distinguir algún sonido de chueca (cencerro) de alguna vaca casi solitaria en la lejanía de algún prado que no sea ya monte.

No va tampoco mucho más allá en sus conocimientos campesinos Maribel, mi mujer, que continuamente me propone dejar el camino cómodo e iniciar cualquier empinada cuesta camino del monte. Tan solo su prevención a las más que abundantes garrapatas, que no mis limitaciones, la detienen en su empeño montañero.

Pese a que han acudió algunos veraneantes, no suelen prodigase. Esa mañana, Vicente Poza, único vecino con el que solía cruzarme paró su todoterreno nada más adelantarme

-Mira, ven acá. ¿Sabes qué es esto?

Vicente señalaba una gran cagada en el medio del camino

-Una cagada, será de vaca

-Tas bueno tú. Fíjate bien. Es de oso.

Le miré un tanto perplejo. ¿De oso?,¿ y cómo carajos lo sabes si está ya toda reseca?

-¡Coño!, eso sábese bien!¡Fíjate! ¿No ves la gran cantidad de huesos de cereza que hay?

Ahora fui yo el que soltó el taco. Efectivamente, los huesos más que abundantes eran totalmente visibles.

-Este era mediano. Fartose bien de cerezas, probablemente por debajo del pueblo y dejó aquí la gran cagada. Si sigues hacia arriba y te fijas, allá por donde tengo yo las vacas, en la entrada del prao, hay otras dos. Una de un oso grande que se llenó la andorga de arándonos y otra más pequeña también de cerezas. Esta tendrá unos quince días, las de arriba más. No tardé en comprobar su veracidad.

Vicente me explicó que los osos andan por aquí con la mayor naturalidad. Se han cargado un montón de cerezos ya que se cuelgan y rompen las ramas y ya más de un vecino los hemos visto ir y venir. Cruzan el pueblo con la mayor naturalidad.

En un momento había recibido una clase de zoología práctica. Llevaba ya una semana recorriendo el camino mañana y tarde sin enterarme de que el oso hacia la misma ruta. ¡Anda que si me lo llego a encontrar de frente!..

Para mi consuelo, al día siguiente llegaron a mis manos las normas oficiales editadas en trípticos y carteles informativos con las pautas de comportamiento más adecuadas de cara a evitar encuentros con osos pardos.

Me puse a leerlas con gran alivio. Maribel y yo podríamos seguir paseando con total tranquilidad. Leo:

-Evitar el encuentro mediante el respeto de la señalización; el uso de caminos principales sin entrar “nunca” en los senderos marcados por la fauna; solicitar los servicios de empresas especializadas en avistamientos si se quiere ver osos en libertad; o no dejar “nunca” restos de comida ni basura en el monte para que los osos no confundan la zona con lugar de alimento.

Mal vamos. Por aquí no hay ninguna señal. Lo de llamar a una empresa especializada cada vez que salgo de paseo, como que no, y por aquí absolutamente nadie deja restos de comida y el camino es el “principal”, no es ningún sendero.

-¿Y qué hago si me viene de frente?. Leo de nuevo:

-Cuando el oso aún no ha detectado la presencia humana, retirarse “con tranquilidad, sin ruidos ni voces que lo puedan alterar”. En caso de que el oso detecte al grupo, hay que “hacerse notar” hablando alto y con seguridad, sin dirigirse al animal. Si se trata de una osa con crías, aconsejan dejar espacio para que reúna a las mismas y huya.

Bueno. Si el oso no me ve doy marcha atrás en total silencio, con la tranquilidad que pueda, nada de correr a lo bestia, hago mutis camino abajo.

¿Y si me ve? Pues está claro. Le doy unas voces a Maribel (al oso no, no se vaya a traumatizar) y también hacemos mutis cogiditos de la mano y sin carreras no sea que se altere el bicho y le dé un aquel que ponga en jaque a todos los servicios del Principado y de unas y otras asociaciones, defensores, y congregaciones del plantígrado pardo.

-¿Y si es una osas con crías?

Esto está mucho más claro. Aculamos silenciosos hacia la pared del prao más cercano, o en su defecto el árbol más próximo, y dejamos el camino expedito para que la troupe montaraz siga plácidamente su camino saludándola educadamente. Puede que, al día siguiente, Vicente identifique dos diluidas heces humanas junto a la citada pared.

Y no se lo tome el lector a broma por cuando a tan sabias y solemnes conclusiones llegaron representantes del Gobierno del Principado, la Fundación Oso Asturias y la Fundación Oso Pardo, imagino que dotados con sus correspondientes dietas y demás bagatelas.

Ya debidamente preparado para cualquier encuentro con el bicho reanude mis paseos con total placidez de espíritu y, en un acto de osadía sin límites, hasta he ido solo un par de veces. Eso sí, con el tríptico de las instrucciones en el bolsillo, cosa que no hicieron ni el hijo de Vicente, ni el Mudo, que al día siguiente, subiendo al pueblo, hubieron de evitar a un ososy una osa con crías respectivamente.

Veraniegos saludos

 

 

 

 

 

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