María Guerero cumple hoy noventa años

Larna

María cumple hoy noventa años. Ah, ¿qué quién es María?. María es mi suegra, de los Guerrero de Larna de toda la vida de Dios. Y precisamente Larna es su pasión. Da igual que haya pasado más del cuádruple de su vida en Madrid. No ha sido nunca de la capital, sino de Larna. Solo le interesa lo que ocurre en Larna o los pueblos de alrededor. De Madrid la interesa todo muy poco. Su pasión, su preocupación, su entrega, incluso hasta más allá de lo admisible, es Larna. Todo lo hace por y mirando a Larna. Y precisamente en este pueblecito de Cangas del Narcea celebra hoy su cumpleaños. Y está el día soleado y alegre; aprieta el sol y sus hijos y  nieta han logrado llevarla de celebración al Acebo. Pero querrá volver pronto a su casa, allá en el pico del pueblo, donde ahora acampan las soledades y tan solo resuenan los ecos mudos de un mundo que fue y que definitivamente se ha perdido.

La vida de María, como la de tantas otras mujeres de su generación, ha sido la de trabajar y trabajar, solo trabajo. Quedaba poco tiempo para el ocio. Fue una vez al cine en Madrid a ver Nuestra Señora de Fátima. Los veraneos en Larna eran su única y mejor recompensa. Exactamente como ahora, Solo le interesa estar en Larna.

Ahora todo ha cambiado. Aquellos con los que creció ya no están, ni siquiera muchos de los que detrás venían. El pueblo se va quedando solo y María se enfada y preocupa al ver los campos abandonados y las hierbas invadiendo lo que fueron verdes praderías llenas de vida. Y añora el sonido de las chuecas en lontananza, y el paso acompasado y lento de las vacas camino del monte. Y la charla con los vecinos que pasan. Y quiere hacer lo que antes hacía en los campos, en los alrededores de la casa y en la corte, y que el paso del tiempo le niega en fuerzas y reflejos. Y lo intenta una y otra vez. Y hasta lo hace cuando sus hijas se descuidan. No ha muchos días caminaba guadaña al hombro dispuesta a limpiar el prao. Y comenzó el trabajo hasta que la disuadieron. Noventa años de entrega a su familia y trabajo continuo en unos años, aquellos de la postguerra, en que las cosas no eran nada fáciles, no son fáciles de dejar. A mí nunca me faltó trabajo, asegura.

Es incapaz de dejar discurrir el tiempo en el sosiego de los recuerdos gratos, de dejar trascurrir las horas sin el agobio del trabajo. Inquieta y ágil es capaz aún de llevar a la acción a toda la familia. En Larna se revitaliza y agita de tal manera que olvida lo de la quietud y el descanso incluso para quienes la rodean. Su mayor entretenimiento hablar y hablar sentada en el balancín de la terraza y pretender que el perro coma al menos las mismas veces y en el mismo horario que lo hacen los humanos. Tampoco es tanto pedir.

Pasan los días monótonos y silenciosos en el pueblo. Su dinamismo de antaño se ha diluido en el paso de los años.  Tan solo los pocos que acuden a pasar unos días en el pueblo llegan con unos cuantos niños que aportan gritos a sus calles tan silenciosas el resto del año. Pero María lo ve siempre lleno y vigoroso con rebañaos de gentes de aquí para allá. Noventa años de vida con Larna en la memoria, el recuerdo y el corazón.

Como estamos lejos queremos que estas letras sirvan de felicitación sentida nuestra, de su nieta y sus bisnietos. Felicidades María, muchos besos y hasta el año que viene.

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