La foto y su pie: Llueve


Llueve intensamente. He cambiado de nuevo soles por nublinas y llego a al mediodía envuelto en aguas de chubascos persistentes.

Han callado los gritos de los niños. De los pocos niños que quedan. Hasta los perros han desaparecido de los caminos huyendo de los continuos aguaceros. Se quejan los veraneantes que emprenden el camino de vuelta y hasta los que se quedan en septiembre que, aquí en la aldea, no son muchos. Se muestran agradecido los pequeños ganaderos del contorno que acusaban ya gravemente la sequía y también los vecinos de los pueblos donde el agua comenzaba a ser un bien escaso.

Me asomo a la ventana aún en zapatillas pese a haber dejado atrás las doce de la mañana. No se ve muchos más allá de los árboles que bordean el camino. Sigue lloviendo. Aquí, donde el tiempo se estanca, la tarde será muy larga.

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