Juicio por la muerte de una pequeña de Ibias

Los padres de la niña

Cuatro años después de la muerte de la niña de 18 meses atragantada con un grano de palomita, arranca el juicio en el Jugado Penal número 1 de Oviedo. En el banquillo de los acusados se sienta la médica del Hospital Central de Asturias (HUCA) que atendió a la pequeña, natural de Luiña (Ibias). La fiscalía solicita para la procesada una condena de un año y medio de cárcel y cuatro de inhabilitación profesional. La acusación particular eleva la petición a cuatro años de prisión y seis años de inhabilitación para ejercer la medicina. El juicio está previsto que se celebre en cuatro sesiones hasta el 24 de noviembre. La procesada ejerce como médica fuera del Principado. También están llamados como testigos los padres de la menor, dos médicos del HUCA (un pediatra y una MIR de Cirugía Pediátrica que atendieron a la niña en el HUCA) y cinco médicos de Cangas del Narcea (tres del hospital y dos de Tormaleo), además de los peritos forenses

La médico acusada de imprudencia por la muerte en 2013 de la niña de Ibias de 19 meses, que se atragantó con un grano de maíz, se ha declarado  inocente y ha indicado que en el momento que atendió a la pequeña, la misma “era completamente asintomática, en 24 horas no tosió, y no tenía ninguna sintomatología salvo una leve hipoventilación” que no tenía por qué deberse a tener alojado un cuerpo extraño en vía respiratoria. La sospecha de una aspiración de cuerpo extraño “era muy baja”.

La acusada, para la que la Fiscalía solicita un año y seis meses de prisión, inhabilitación especial para el ejercicio de su profesión durante cuatro años y el pago de una indemnización de 130.000, ha descrito la situación en la que recibió a la pequeña en el HUCA.

La familia de la niña interpuso una denuncia por vía penal contra la médica que se encontraba de guardia en el Hospital Universitario Central de Asturias al entender que actuó de forma negligente al no realizarle a la pequeña una broncoscopia. Esta técnica -sostiene la acusación- hubiera permitido extraer a la niña el grano de maíz del pulmón y, considera la familia, podría haberle salvado la vida. El Sespa y la defensa de la facultativa señalan que actuó de forma correcta al no practicarle la prueba por los riesgos que entrañaba.

 

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