La foto y su pie: “El peral de las mozas”

Quizás a algunos les cueste identificarla así a primera vista. Es la peña del lugar conocido como “El peral de las mozas” en la que tantos y tantos jóvenes berzocaniegos se han sentado en las tardes de los domingos y festivos. En la carretera de Cañamero, un poco más allá del cruce a Solana, fue lugar referente en cortejos y primeras aproximaciones entre adolescentes y mozos. Hoy, el peral ha desaparecido y la peña aparece semioculta entre la maleza y los pliegues de la memoria. Incluso ha desaparecido el liso reluciente del uso y se ha vuelto de nuevo rugosa y áspera.

Era el punto límite de distancia al que se podía alargar el paseo de jóvenes y mozos. Así lo tenía establecido Don Delfín, párroco a la sazón y de pronto brusco, que dando aire al manteo, iba y venía entre el Rehoyo y el Peral procurando que entre los jóvenes se observasen debidamente la moral y costumbres por la Iglesia y la sociedad establecidas. Las distancias entre chicos y chicas eran especialmente vigiladas.

Hoy, “el peral de las mozas” tan solo es provocador de recuerdos juveniles entre los viejos berzocaniegos entre los que me encuentro.

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