Ni se le ocurra dudar de la verdad de lo políticamente correcto ni de su interpretación de la historia

Como parece ser que la llamada Ley de la Memoria Histórica se ha quedado corta en sus planteamientos sobre lo que sucedió o no sucedió en parte del pasado siglo XX (la memoria no va más allá), ahora se crea una “Comisión de la Verdad”, una regulación dentro de la citad ley que dicta prisión e inhabilitación para quienes contradigan “la verdad” sobre la II República, la Guerra Civil o el Franquismo,(de la Primera o de lo acontecido anteriormente puede usted opinar libremente). Ni que decir tiene que esta “verdad” vendrá determinada por los acuerdos políticos de quienes la promueven al margen de tribunales, historiadores o estudiosos que, en la mayoría de los casos, dicen, “han tergiversado, ocultado o manipulado lo realmente ocurrido” fuesen o no españoles.

Así las cosas habremos de renegar hasta de la Transición pasando por lo ocurrido del 34 al 39 así como de la paga de julio y hasta de la de Navidad, no sea que alguien se le ocurra aplicarnos la citada Memoria y encarcelarnos por franquistas, fascistas o vaya usted a saber. Y hasta quizás se pene hablar bien de la Seguridad Social que, al fin y al cabo, se creó en época de Franco al igual que las citadas pagas

Y no quiero saber lo que pasaría si a usted se le ocurre ensalzar el valor de los defensores del Santuario de Santa María de la Cabeza o del Alcázar de Toledo o tan siquiera darle el mismo valor que a los que defendieron Oviedo contra los sublevados. El valor solo estaba de un lado, los del otro era fascistas convencidos, cobardes y derechistas que solo buscaban masacrar a los obreros defensores de la libertad y el socialismo en sus diversas ramas. Daba igual que les hubiesen obligado a incorporarse a filas según de qué lado hubiese quedado su pueblo o aldea. O fascista o comunista, sin términos medios. Ahora, los que perdieron eran todos unos santos perseguidos y los que ganaron unos demonios llenos de odio y muerte que aún continúan desprendiendo azufre por calles y plazas.

Saque el lector sus propias conclusiones pasados ya casi ochenta años del fin de aquella desgraciada contienda y otros muchos de la muerte del dictador

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R. Mera

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