La foto y su pie.- Tres eran tres

Ha quedado el tiempo suspendido un momento entre el ayer y el hoy. Rodeados de sillas vacías, solos en sus recuerdos y amistad, Sandalio, Chori y Amando, miran fijamente a la cámara queriendo dejar en ella un retazo indeleble de su sentir berzocaniego.

Vienen a conformar la metáfora humana de los pueblos extremeños rodeados de silencios y de soledades: una mesa, unos cafés y miles de vivencias idas. Hoy ya sería imposible volver a componer la mesa. Caen impertérrito los días y la vida, por su propia esencia, abre caminos a la muerte.

Cada vez son menos en pueblo y aldeas, cada vez más invisibles. Se apagan como se apagan, consumiéndose, los pabilos de las velas. Las bulliciosas mesas y sillas de los bares ahora se pliegan en ruidosos silencios de esperas. Tan solo en el verano cobran efímeras sensaciones de vida que se diluyen con la misma intensidad que llegan.

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