Los Reyes en Moal. Una mirada distinta y cercana

-Gáchate buen mozo que voy date un besín

Gachate, neno

La mujer se dirigió el Rey con toda naturalidad agarrándole del brazo.

Don Felipe dobló su largo cuerpo y devolvió al beso a la moaelense que junto a los mayores del pueblo esperaban en el sitio que les había sido asignado, junto a la capilla, para saludar a sus majestades.

-‘Ay!, ¡Pero la Reina marchóse!. ¡Llámala neno que quiero darla también un besín!.

Y el neno, el Rey, dio un par de zancadas, alcanzó a la reina Leticia que hablaba con los otros mayores y ella se volvió para dar también el besín a la mujer a la que, entre sonrisas y bromas, saludaron muy efusivamente.

Sirva esta entradilla para plasmar el ambiente y la disposición con que los vecinos, tanto de Moal como de los que desde otros lugares acudieron al citado pueblo a la entrega de la distinción de Pueblo Ejemplar que la Fundación Princesa de Asturias le había concedido en este año de 2018, vivieron la jornada

Pero como ocurre en todos y cada uno de los pueblos y de las ciudades de este país, al que antes todos llamábamos España, no faltó entre los vecinos alguna que otra desavenencia, o distintas interpretaciones de unos u otros, al sentirse desfavorecidos con respecto al de más allá, o que si al de acullá le dieron una invitación más de las que le correspondían. Nada que no quedase tapado y pronto olvidado por el discurrir de los hechos, el buen ambiente y el merecido orgullo que ostentaron los vecinos ante los visitantes a los que acogieron con cariño y servicialidad.

Quizás la imagen de más éxito fue la del Rey lanzando los bolos. Pudo verse en todos los medios nacionales

Vaya bolazo

-¡Cagoen la puta!. ¡Vaya hostiazo!. No pudo por menos de exclamar un vecino que presenciaba la tirada

No sé si la rotunda expresión llegó al Rey, pero si lo hizo a muchos de los acompañantes y gentes allí reunidas que rompieron en un fuerte aplauso.

Y es que Felipe VI lanzó la pesada bola de madera con un depurado estilo aldeano y cual se hubiese estado estrenando por los pueblos del suroccidente. De los 16 bolos colocados tan solo dejó en pie tres, algo nada fácil, al decir de los expertos allí reunidos

-Este entrenose na´Zarzuela, soltó un hombre riendo complacido

Seguridad

Se nos había dicho que teníamos que estar en Moal antes de las nueve y media. En Ventanueva un dispositivo de la Guardia Civil desviaba coches hacia uno y otro lado según llevasen o no invitación.

-¿Tiene usted invitación?

-Sí

-Pues pase al compañero que está con la lista.

El compañero te pedía carné e invitación mientras comprobada matrícula y color del vehículo, datos que ya habías tenido que facilitar días antes a la organización. Había al menos veinte guardias y coches estratégicamente situados.

-Puede pasar

Más arriba, ya casi en la entrada, nuevo control y cola. Salvo para las invitaciones “muy especiales” el resto teníamos que arreglarnos para aparcar. No me fue difícil.

Ambiente

El dispositivo de seguridad era espectacular. Amén de la Guardia Civil de uniforme, y de diversas unidades, incluido un escuadrón a caballo desplegado en las cercanías del Mirador de Muniellos, donde aterrizó el helicóptero y que había pernoctado en La Himera, había equipos de paisano de la Policía Nacional, Guardia Civil, Zarzuela, Principado, Fundación Princesa de Asturias… Y a ellos todo un pelotón de gentes de protocolo que, impecables en sus trajes, iban y venían aparentemente sin sentido ni dirección alguna.

-Si nos vamos todos de repente quedáis en minoría, nos decía una policía natural de la zona.

Los había ariscos y mal encarados, aunque la mayoría eran amables y muy comprensivos con el

La foto con lo sniño

paisanaje. Tal sucedió con uno de ellos, muy joven, que colocó a unos niños de Moal fuera de las vallas para que pudiesen saludar a los Reyes. También permitió que saliese yo para hacerles una foto, ya que a la madre le pillaba mal. No solo saludaron, sino que incluso posaron con los Reyes contentos y felices cual si lo hubiese hecho con los Reyes Magos.

Prensa a carreras

No quiero que pase desapercibido lo que supuso para Moal el premio en lo que a repercusión a todos los niveles   supuso la presencia en el pueblo de la presa escrita, visual y de palabra.

Presencia de medios

Era todo un espectáculo ver correr de acá para allá a un montón de periodistas con sus cámaras, bolígrafos o micrófonos en ristre. Cuando veías llegar un pelotón a carreras ya adivinabas que detrás llegaba la comitiva. Se colocaban aquí o allá y disparaban sus cámaras sin cesar, preguntaban a unos y otros y buscaban los mejores ángulos.

Maribel fue una de las abordadas, Tuvo que dar su opinión de lo que allí ocurría a un micro de Radio Nacional

Maribel con Radio Nacional

Habías cámaras de televisión apostadas en los más insospechados lugares. Unas trasmitían en directo, otras recogían imágenes para los informativos o programas especiales. Los miembros de protocolo y seguridad no paraban de pelearse con los periodistas que, rebeldes como a su profesión corresponde, no se atenían a la rigidez que aquellos querían poner a sus movimientos

Hasta la terraza de una de las casas había sido trasformada en un estudio de televisión desde el que se trasmitió durante toda la mañana.

Todo ello tuvo su repercusión al día siguiente en que Moal y sus gentes coparon informativos, programas, especiales y hasta revistas “del corazón” y “de cotilleo” especialmente en lo que a la Reina se puso o se dejó de poner se refería.

El mio saludo y un apretón

El mio saludo

Momentos antes, junto a la capilla, justo donde la comitiva tenía que cambiar de dirección para dirigirse a la plaza, vi al Rey venir directo hacia mí (yo estaba fuera de la valla) con el bastón de alcalde del concejo en la mano. Menos mal que venía sonriendo, porque si no, un tío tan grande y con el bastón….

-¿Qué tal está? Bien al sol, ¿eh?

-Un placer Señor; contesté con la mayor corrección estrechando la mano del monarca.

Seguidamente saludó a cuantos estaban detrás de la valla.

Momentos antes ocurrió un sucedido del que la prensa no se hizo eco, pero sí el paisanaje de Moal y los visitantes de a pie de unos y otros lugares.

Justo en el lugar donde me encontraba y que ya les he descrito se ubica una Casa Rural cuya terraza, a pie de calle, estaba ocupada por una serie de gentes y un cámara de televisión. Momentos antes de que llegase la comitiva vimos como entraban en la misma unos agentes. Uno de ellos salió y pidió entrase con él otro que estaba acompañado por un perro. Lo hicieron y salieron no mucho rato después. Identificaron a los que estaban en la terraza e hicieron salir a unos cuantos dejando tan solo a unos cuatro o cinco, que debía de ser los dueños y huéspedes, y al cámara.

Lo comentamos pero sin darlo muchas vueltas. Fue al rato, cuando llegó la comitiva, cuando vimos entrar a carreras a dos o tres de seguridad mientras el Rey acudía a saludarnos y se iba hacia la capilla donde le esperaba don Jesús Bayón para enseñársela.

Le Reina entró decidida en la citada casa, para salir unos minutos después incorporándose al grupo en la capilla.

Puede el lector imaginarse los comentarios

-Diole un apretón

-Que va, debía de tener ganas hace rato y avisó; por eso vinieron los de seguridad

-Seguro que miraron si estaba too bien limpio, decía una mujer entre risas

-¿Pero qué os creéis? Los reyes también mean. Ya cagan.

Nuevas risas y bromas. Y una mujer remató:

-Pues tendrán que poner un váter nuevo, porque seguro que ahora guardarán éste sin fregarlo y para enseñárselo a los turistas.

El saludo real a Soberana

Siguió la visita y siguieron las carreras de los del protocolo de acá para allá y los de seguridad de allá para acá, cuando el Rey decidió (aunque todo está siempre previsto) ´saludar` a las vacas que apaciblemente pastaban en el prao situado detrás de la capilla. Don Felipe entró decidido en el mismo mientras que la Reina prefirió quedarse en la entrada y ver al ganado desde el camino quizás por el aquel del compromiso protocolario y de imagen que la hierba, un tanto húmeda, podría provocar por mor de su indumentaria o equilibrio.

El saludo a Soberana

Entró pues decidido el Rey, acompañado de la ganadera Sonia Martínez, con cuadra en Las Cuadriellas, y cambiando de mano el bastón de mando municipal acarició decidido a Soberana, un magnifico ejemplar de la Asturiana de los Valles que rumiaba ajena a todo, incluida la real persona. Por cierto que el hecho pilló a contrapié a la prensa que no se percató del momento ganadero del Rey. Tan solo el fotógrafo de la Casa Real y quien esto escribe aparecimos por allí.

No acudí al momento de discursos y agradecimientos y preferí perderme entre el paisanaje oyendo comentarios y aquí y de allí y presenciando el gran números de móviles que se exhibían por todas partes enseñando unos y otros la especial foto lograda junto al Rey o la Reina.

La hora de la comida

La comitiva oficial se acercó a Muniellos y nosotros aprovechamos para dar un paseo por el pueblo, ver el ambiente y charlar con unos y otros.

Llegaba la hora de acudir a la carpa donde se celebraba la comida y hacia allí nos dirigimos ya que nos habían advertido que habíamos de hacerlo con tiempo suficiente.

Las vallas habían delimitado un pasillo al que se accedía tras identificarte mediante la preceptiva invitación y el carné. Policía y seguridad en todo el perímetro.

-Voy a dejarle pasar con la máquina, pero le advierto que no puede hacer ninguna foto. Si las hace se le expulsará.

Un miembro de seguridad me advirtió al ver la Nikon colgada de mi hombro

-Faltaría más, le dije pensando lo contrario

En la carpa

Todos de pie. Deambulo entre las mesas saludando a unos y otros. A diputados del PSO y del PP, alcaldes y exalcaldes de Cangas y Tineo. A gentes de uno y otro concejo. Charlo un rato con Manolo Linares, el suroccidente y su pueblos le sigue preocupando muchísimo.

Decido quedarme en una mesa en la que se encuentra David, el profe de Ingles del Instituto, su mujer y su madre, junto a otros vecinos de Moal. David es del pueblo premiado y ejerce como tal.

-Por favor se ruega a los invitados no comiencen a comer hasta que no lleguen los Reyes.

Dada la hora, resulta difícil contener al personal ante las mesas llenas de aperitivos diversos.

-Por favor, se ruega a los invitados…

A más de uno se le va la mano y remunga ante la llamada de atención de su compañero de mesa.

La megafonía sigue con su cantinela:

-Por favor, se ruega a los invitados……

-Por fin aparecen los Reyes y su séquito. El personal se lanza sobre los platos. Se sirve vino, sidra, refrescos y cervezas. Los camareros cambian con agilidad y presteza los platos que se vacían o se mueven entre las mesas ofreciendo más viandas.

A mi lado un moaelense, alto y fornido, de cuyo nombre no me acuerdo pregunta a David que hay de primero

-Caldo de berzas, ahora viene lo bueno contesta éste.

– Eso ya es otra cosa

La madre de David cocinera de pro, de las de pueblo y chariega, duda de la calidad del caldo.

Los camareros colocan en las mesas unas pequeños tazas con una patata, un poco de caldo, un señuelo de chorizo y un apunte de morcilla. Dentro una cucharilla de plástico

-David ¿qué coños es esto?

-Esto ye´l caldo

– Mecagoen….. esto no es ni una muestra. Tamos bien. Yo necesitaría al menos cien de estos cacharros para enterarme. El paisano se ríe y bromea con nosotros.

Y así, entre bromas y risas vamos dando cuenta de la comida “de aperitivos” que nos sirvieron en la carpa hasta llegar al final. Por cierto al menos un par de veces disparé la maquina burlando a los de seguridad que paseaban entre las mesas.

Con Javier Fernández

Poco después, los Reyes se despedían de las autoridades y abandonaban Moal entre aplausos, exactamente igual a como habían llegado.

A la salida de la carpa, pido a José Víctor, el alcalde cangués, que nos haga una foto a Maribel y a mí con Javier Fernández, el presidente del Principado, del que me olisqueo le queda poco en política. Siempre me ha caído muy bien.

La última despedida la reservé para Antonio, el alcalde de Moal que respiró profundo al ver alejarse el coche real. En ese momento soltó toda la adrenalina acumulada desde bastantes días antes. Le doy un abrazo y le felicito. Va impecable de traje, pero no tarda en quitarse la corbata.

Poco a poco Moal se va quedando vacío. Después, cuando ya todos los visitantes, o casi todos, nos hemos marchado, los vecinos iniciarán una tarde-noche de fiesta ya sin nervios y sin agobios; tan solo con la satisfacción del deber cumplido y la inmensa satisfacción de ser Pueblo Ejemplar y haber copado todos los informativos y medios de comunicación nacionales, regionales y locales  en ese día.

Con Antonio

Y nosotros fuimos testigos.

 

 

 

 

 

 

 

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R. Mera

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