CANGAS DEL NARCEA.- ¡Búpili!, el vermú de Cangas

Ha nacido un vermú auténticamente autóctono hasta en el nombre. ¡Búpili!

Tiene su base en el vino blanco de Cangas y ha parecido de la mano del bodeguero Nicolás Marcos, el sumiller Enrique Ron Linde y Nacho Cuevas Capín

Se trata explican los creadores de algo diferente, un trago seco y muy amargo. Se elabora en el polígono de Obanca y ya ha logrado estar presente  en tiendas y restaurantes algunos de la talla de  El Celler de Can Roca.

Cuando iniciamos esta aventura, explica Enrique Ron “nos planteamos dos opciones: hacer un tipo Martini, o sea, algo que todo el mundo conoce, o una propuesta diferente, con identidad propia. Nos decidimos por lo segundo optando por un concepto de trago seco, muy amargo y especiado, que, aunque tiene un cliente más concreto sí tiene cabida en el mercado”.

Explica que en España hay, al menos, un par de elaboraciones propias. Aunque lo que más se pida sea Martini, hay cosas muy buenas que están surgiendo y no paran y siempre hay gente dispuesta a probar cosas nuevas, explica. Pero también reconoce que “es complicado vender un vermut como el mío porque tiene poco azúcar, pero bueno, tenemos cabida y estamos contentos. Hemos sacado 3.300 botellas y la próxima vez serán 6.000. Este vermut tiene muchas posibilidades en coctelera”.

“Búpili!” lleva ajenjo, angélica y genciana, ingredientes fundamentales porque son las hierbas las que le confieren amargor. Esta elaboración lleva, además, otras especias de botánicos y cítricos que le dan el toque. Es un vermut para servir a la hora del aperitivo y que gustará a los que toman Campari y Fernet-Branca, por ejemplo. Las uvas a utilizar son del tipo airén, viura o albillo. En Cangas hay de esta última clase por lo que los elaboradores tuvieron clara la decisión a tomar: la autóctona. Usamos materia prima de la Bodega Dominio del Urogallo y de productores de la zona.

La denominación “¡Búpili!” es una interjección propia del pueblo cangués, la cual se utiliza muy a menudo para mostrar tanto alegría como satisfacción o entusiasmo.

Enrique Ron, Quique para lo cangueses y cliente del Bar Blanco empezó a sus pinitos profesionales de pequeño ayudando los fines de semana en el restaurante familiar donde aún sigue. Ahí, cuenta, “coincidí con mi tía Cachi, quien me inculcó la cultura de los destilados. Con ella empecé a hacer cosas, entre ellas la legendaria compuesta de Cangas. Me formé como sumiller en la Escuela de Cocina de Valladolid y soy también maestro formador de Montilla-Moriles”.

 

 

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