Remembranzas berzocaniegas.-Pablo Chichas

He querido detener, revertir el tiempo. He querido volver al blanco y negro de nuestra infancia. Pablo y yo llegando a la Plaza. Ahora de forma sosegada, de charla tranquila, de comentario de aconteceres. Antaño a carreras, a gritos. Bajando por la Calle del Arco (Ahora San Fulgencio) cual si la Plaza fuese a desaparecer de un momento a otro. En esto no han cambiado muchos las cosas. Así lo hacen mis nietos. Por cierto me llama la atención que aún sean muchos los paisanos que dicen el nombre en plural: Pablos, y hasta a mí se me escapa a veces pues así lo hacíamos de niños

Pablo y yo

Nos acuden recuerdos de travesuras, de las aventuras de la monaguillería de entonces, de la férrea disciplina de Don Delfín, del que Pablo echa pestes, no sin razón. De la cachaza de Don José. Y con pícara sonrisa me recuerda cuando estaba en Solana de párroco, y a la señora Juana.

-Sí la criada, pero que dormía con él, apunta Pablo picarón. Y sigue

– La otra era la señora Vicenta, pero esa era su hermana de verdad. Lo que no se es cómo nunca dijo nada, ni el obispo ni ningún cura de la zona. Era mu raro aquello.

Y Pablo me da disimuladamente con el codo insinuando enredos clericales de una época en la que eran el todo y más en los pueblos.

No he podido dar a la foto el blanco y negro realista que pretendía. Pero Pablo y yo si lo hacemos con notable facilidad cabalgando sobre los recuerdos de nuestra infancia de alpargatas de goma, sabañones y calzonas (pantalones cortos) con las que terminabas tiritando en invierno.

Y le tiro de la lengua para que me recuerde, una vez más, sus avatares de vida.

Allá en los inicio de su moceá emigró a Alcoy a trabajar cerca de su hermano Manuel, que allí vivía. Terminó de sacristán de sacristanes

-Era una parroquia grande, con muchas gentes y que agrupaba a unas cuantas iglesias. Yo controlaba a lo sacristanes de unas y otras. Y me decía el cura:

-Pablo, tú eres el que mandas, hay que hacer lo que tú digas. Eso decía, pero luego él hacía lo que le daba la gana, no lo que decía Pablo.

En uno de sus viajes a Berzocana desde Alcoy, en autocar de línea, paró en Talavera y compró lotería de Navidad. Allí la tuvo. Le tocaron unos milloncejos (nunca me dijo cuántos) y mandó al carajo Alcoy; aunque hemos de reseñar que trabajó un tanto en una gasolinera de Navalmoral y hasta ejerció con los testigos de Jehová, lo que no sé es explicaros el orden en que estos acontecimientos sucedieron.

Pasó el tiempo y Pablo decidió asentarse en Berzocana y volver a la sacristanería oficio este al que siempre se había sentido más unido y en el que se encontraba a gusto y realizado.

A ello agregó el oficio de guía turístico, limitado a la iglesia, su historia y características, y a la vida y milagros de los Santos Patronos Fulgencio y Florentina de los que es declarado devoto.

Con unas y otros cosas, Pablo se ha construido una vida sencilla y desprovista de necesidades superfluas que le permiten el paseo diario, el atender su pequeña casa en la Calle Carretas y la charla sosegada con los vecinos durante los largos inviernos berzocaniegos cuando el aire de las Villuercas invita al recogimiento y a contar historias junto a la lumbre. Aunque la verdad, Pablo cada vez encuentra menos coetáneos con los que contar historias pues la tele y los móviles “han acaba con to, Pepe”, me dice.

Ha sabido Pablo hacerse querer y, de alguna manera, pasar a ser patrimonio de todos los berzocaniegos. El verano es su época más ajetreada. Hay más gente, llegan turistas y se acumulan “Cabos de año” y “Misas con los Sanos abiertos”, amén de la Novena y las Fiestas.

Pablo no es de alternar por los bares, o por terrazas veraniegas, pero en esta ocasión hizo una excepción-

– ¿Oye Pablo, por qué te llaman Pablo Chicha si eres pequeño y más bien delgado?

-Parece mentira que no lo sepas. ¿T e acuerdas de mi abuela tía Juan Parrá?

-Sí hombre sí. Vivía unas puertas más arriba de mi casa en las Carretas.

-Eran aquellos años malos en que había poco que comer. Yo prácticamente vivía con ella. Y ella me preguntaba:

-Pablo: ¿qué quieres comer hoy?

Y yo inevitablemente respondía: ¡Chicha!  (carne). Y algún gracioso, que aquí hay muchos, empezó a llamarme así y hasta hoy.

¡Que sea hasta siempre Pablo!. Por nuestra ya larga amistad

 

.Comparte en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Pin on Pinterest
Pinterest
Share on Tumblr
Tumblr

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.