BERZOCANA.-¡Se llama verano, coño!

-Viene cabrón el verano, ¿eh?

Tío Tomasino, sentado en el poyo corrido que existía en la Plaza, frente al bar de Demetrio, a la sombra de los viejos álamos ya desaparecidos, saludaba así a tío Juan Repóntigo que cargando un cesto  al hombro llegaba a su altura desde la entrada de la carretera de Cañamero

-Va a joernos bien. Fíjate tú las fechas y ya están las huertas secas y sin agua para regar ni en el Pero, ni en el Mellao, ni en la Serranita….

-Va a ser lo que Dios quiera, el verano es el verano y la canícula es la canícula

Y tío Juan siguió su camino y tío Tomás, sacando un gran pañuelo de cuadros azules del bolsillo del chaleco, que pese al calor llevaba, procedió a secarse el sudor y, seguidamente, a liar un cigarro con toda la parsimonia del mundo.

Acude esta escena a mi mente al oír en estos días en la calle,  radios y televisiones que se abate sobre nosotros una ola de calor, que el verano será caluroso, que habrá sequía…. que si patatín, que si patatán… y con la psicosis que la tal situación produce parece aún es más el calor real del momento.

También otro paisano, tío Diego Paterno, en una situación semejante, en agosto, y ante las mismas quejas, nos espetó un día en la Plaza, en la terraza de Pedro:

-¡Que ola de calor ni que niño muerto! ¡Pos no mos jodas!, esto se llamó siempre verano y no olas de calor ni puñetas. ¡Esto se llama y se ha llamado siempre verano!.¡Segando os quería yo haber visto a vosotros!, ¡quejicas! .

Y volviéndose requirió de Pedro una nueva ronda para él y los familiares que en la mesa le acompañaban mientras seguía remungando su desacuerdo.

-¿Cómo para preguntar a estos qué es la canícula?; ¡y eso que estamos en ella!.

Y acentuando al máximo la “h” aspirada extremeña por la “j” seguía discurseando tanto a nosotros como a los de la mesa cercana .

-¡Pos te hode!; cuando no es ola de calor, es de frío; cuando llueve un poco más en invierno son la cineclesis esas de los cohones, y si calienta el sol como siempre lo ha hecho en julio y agosto son las olas esas de calor y los calentamientos de los hielos. ¡Caliente me tienen a mí con tanta hilipolleces!. Too son inventos de la televisión.

-Oye Pedro ¿Tu crees que esos  y esas de los pantaloncinos cortos que andan por ahí saben que estamos en plena canícula?

Pedro, el “camarero de terraza” como él mismo se define, paró un momento en su agitado ir y y venir.

-¡Tas tu bueno! ¡Esos qué rayos van a saber”. Ni de canículas, ni de na de na. Andar por ahí por las noches y pedir perras en casa, eso lo saben mucho mejor que tú y que yo. ¡Pos no son listos ni ná!

-Eso mesmito dijo yo

Y Diego se repantingó en la silla y dio un largo trago directamente de su botellín de cerveza con un expresivo gesto de satisfacción.

El sol pegaba fuerte en la plaza y se agradecía la sombra de los álamos.

Estábamos en agosto, en plena canícula.

 

 

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