CANGAS DEL NARCEA.- Gerardo

Gerardo Marcos ha detenido el tiempo en los sesenta. Y en lo setenta. Cuan Jordi Hurtado de la música ha visto pasar entre acordes y arpegios de su guitarra modas y tendencias musicales. Él ha permanecido siempre fiel a su estilo, a su especial manera de estar y vivir. Siempre con la música en la sangre y Los Murciélagos en el corazón.

Y siempre acude a la llamada de la música con entusiasmo y entrega dignos de cualquier adolescente que inicia su andadura. Y todo es pura afición y orgullo de lo hecho. Ni antes, y menos aún ahora ya con la jubilación en el bolso, han sido los motivos económicos los que le han hecho saltar de uno a otro escenario, de una a otra localidad, sin por ello dejar de estar también tras el mostrador de su farmacia en la Calle Mayor

Dicen algunos cangueses que le aprecian, y entre los que me encuentro, que al igual que en algunas ciudades se hacen estatuas en determinados lugares a aquellos que han formado parte indisoluble del paisaje urbano, a Gerardo debían de realizársela en la plazoleta del Blanco de cuyo entorno forma parte consustancial.

Apoyado en una guitarra y con una compuesta en la mano.

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