CANGAS DEL NARCEA.- Del ayer al hoy entre topónimos

Una vez más, Benjamín Galán García nos ha dado su autorización para que nos hagamos eco en esta página de su interesante artículo sobre el lavadero de García Munté y los terrenos en los que se ubicaba y en el que permanecen sus restos.

Dice así:

“Entre estas dos imágenes que abarcan panorámicas similares y que recogen la ubicación del antiguo lavadero de la Mina Antracitas de Gillón, propiedad de García Munté, situado en terrenos de Posada de Rengos y de Vega de Rengos en Asturias, existe una diferencia en años, del orden de 35, aproximadamente.

La primera imagen, la más antigua, corresponde a los años de pleno auge y funcionamiento de la mina, y la segunda, a tiempos no muy lejanos en los que ya estaba clausurada la explotación y desmantelado el lavadero, siendo utilizados los terrenos para acopiar el carbón sobrante de otras explotaciones, y así sigue actualmente.

Contemplando la foto más antigua me acordé de los nombres que tenían estos terrenos y me entró la curiosidad de indagar sobre su origen o significado. El nombre local de la zona donde se ubicó el desaparecido lavadero, hoy invadido por los acopios de carbón, se les conocía como Los Chanos la parte intermedia y la más baja como Eiropeña, refiriéndose estos topónimos a las zonas más llanas, las cuales estaban configuradas por dos plataformas situadas a diferentes alturas, separadas entre sí, con pendientes subhorizontales y dedicadas a sotos de castaños y a tierras de labor.

A la parte alta de la ladera, la más pendiente, cubierta de matorral, era conocida como La Fastia. Consultado el actual Diccionario de la Llingua asturiana compruebo que no recoge esta expresión, pero husmeando en otras fuentes documentadas en temas lingüísticos, he podido saber que aunque este vocablo no está claro del todo su origen, se podría traducir como algo engorroso: fastidio, incomodidad, tedio, disgusto, aborrecimiento, asco… que se puede causar a alguien o a algo. Y pienso que cualquiera de estos sinónimos se ajusta perfectamente a la palabra en cuestión, por el esfuerzo que suponía el ascender a pie por la empinada Fastia, que era el camino habitual que utilizaban a diario los mineros para acceder a la bocamina de la explotación carbonífera de entonces, sita en el paraje de Reguerabraña. Aquellos valientes y sufridos trabajadores, procedentes de los pueblos de alrededor, accedían diariamente a pie a la explotación desde sus casas y regresaban también a pie después de trabajar el día completo, teniendo que recorrer el largo camino dos veces y superar grandes pendientes para llegar al punto de trabajo. Y si al menos la senda estuviera expedita, todavía, pero el recorrido lo hacían sorteando continuamente artos (zarzas), ganzos (brezos) y xiñestas (retamas).

De niño siempre me hizo gracia este nombre de La Fastia, pero a pesar de tenerla ante mis ojos todo el día, a modo de fondo de pantalla natural, nunca tuve la inquietud de saber de dónde procedía este término. Sin embargo hoy, transcurridos sesenta y tantos años de aquello, al ver las fotos me ha picado la curiosidad y creo que he llegado a la conclusión de que Fastia y fastidio tenían mucho en común.”

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R. Mera

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