BERZOCANA.- El Jueves Santo de Miguel Rodríguez

 

Son las 8 de la mañana.

¡Venga venga!, que tenéis que ir a ayudar a padre a hacer el Monumento!.La voz de mi madre Inés retumba en la habitación donde dormíamos mi hermano Pepe y yo. Nos desperezamos. ¡Es verdad! hoy es Jueves Santo!,¡qué ilusión! !El monumento-

Entonces el Monumento era un pabellón de tela que ocupaba todo el Presbiterio de la Iglesia en el que dos soldados romanos flanqueaban una Cruz con un sudario colgando.

Comienzan a entrar los cofrades del Señor y de la Vera Cruz con cargas de romero para adornarlo. El olor impregna agradablemente el majestuoso templo. Las mujeres entran con macetas.

3 de la tarde. Es la hora de comer. Potaje. Mi padre, Juan Luis el sacristán, nervioso, apura la comida. Mi madre Inés intenta tranquilizarle.

Espera, que faltan aún la tortilla y las natillas. Ni por esas. Juan Luis salta como un resorte de la silla….Me voy a  la  Iglesia. Hay que preparar la misa de la Cena del Señor…,y sale presuroso.

Suenan las campanas a fiesta grande, es Jueves Santo. Son las 6 de la tarde. Comienza la Santa Misa cantada por el coro parroquial dirigido por el coadjutor de la parroquia D. Matías Alonso Hurtado. Misa de Pío X. Después de los Kiries… ¡GLORIA IN EXCELSIS DEOOO…¡  la voz majestuosa de D. José retumba en el templo; mi padre Juan Luis al órgano. Los monaguillos cogimos cada uno una campanilla…¡con qué rabia tocábamos a Gloria!. Los monaguillos mayores estaban en la torre repicando las campanas también con rabia…. fin del GLORIA…mi padre apaga el órgano. Silencio sepulcral en el templo. No volverá a tocar hasta la Pascua…

PANGE LINGUA GLORIOOOOSI…..Es el momento del traslado del Santísimo al Monumento. Lo flanquean 4 grandes farolas. Bajo palio, D. José el cura con el Copón. A los lados dos monaguillos entre los que me encuentro. Detrás el Sr. Alcalde y el Sr. Juez de Paz con sus bastones de mando y las Cofradías del Señor y de la Vera Cruz también con sus báculos correspondientes. El Monumento estaba en el Altar Mayor. La procesión partía del altar de la Virgen del Rosario. Llega el momento más emocionante. El Alcalde y el Juez de Paz suben las escaleras, solemnemente, y entregan los bastones de mando al Señor. Los ponen cruzados delante del Sagrario. No hay más autoridad que ÉL. Allí permanecerán hasta la tarde del Viernes Santo. Silencio absoluto. Se establecen los turnos de vela durante toda la noche.

Así concluye este Jueves Santo atípico por la maldita pandemia del Coronavirus, pero que yo he querido plasmar en el recuerdo.  Feliz Jueves Santo desde Berzocana.

MIGUEL RODRÍGUEZ MERA.

 

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