ENCLAUSTRADOS XLVI. Flores y libertad

La buganvilla

Martes 28. La semana se ha iniciado perezosa al igual que viene ocurriendo con los días; perezosa y un tanto triste. En el ambiente siguen las nubes y nublinas llegando y el sol ausente. No obstante siempre hay lugar para la esperanza y la sonrisa cómplice. Cuando esta mañana me he asomado a una de mis ventanas he descubierto como del tronco añoso de una pequeña buganvilla han brotado ramas verdes con hojas minúsculas. Siento envidia de las flores de mi vecina de enfrente. Las mías siguen encerradas en su protesta de negativa a florecer. Pese a ello, la primavera sigue su camino con la luz rompiendo en mi habitación cada vez más temprano y unas tardes alargadas ya un buen rato tras los aplausos.

Renuncio hoy a salir de mi paseo real pasillo adelante y atrás por uno virtual de los que ya he realizado algunos con ustedes. Tras oír las noticias y antes de que comience la tertulia de Alsina me pregunto si no nos están proponiendo al metacrilato como solución global a lo que han venido en llamar desescalada cuando, yo al menos, no he escalado a ningún lugar y por ende no tengo que bajar de ningún sitio ni desescalar lo escalado. Tendré que proceder a un desesclaustramiento o desconfinamiento de forma graduada o de inmediato y con todo, pero de desescalar nada, ni siquiera he subido al Cascarín.

Y volviendo al metacrilato, y ya al menos en la vuelta veinte del pasillo, tras ver las mamparas que nos quieren instalar en bares y restaurantes, vengo en pensar  que  tenía razón Kiko Veneno cuando allá en la época de Malasaña cantaba aquello de “Y entre nosotros/un muro de metacrilato/no nos deja olernos/ ni manosearnos”.

Las flores de la vecina de enfrente

 Ya en el paseo de la tarde,  sigo un tanto asombrado la tertulia de Julia Otero que, aupada a unas elucubraciones etéreas que solo se plantean en las tertulias y quiere dirigir la Elisa Beni pontificando que la libertad es lo más importante en el mundo, e incluso en el más allá. Cuando alguien le dice que la libertad no tiene sentido si no hay qué comer, se encabrita y, con el tal de no ceder. aseguraba que incluso la salud esta antes que el comer. Y yo, en mi simpleza, me digo que si no hay comida ni para uno ni para los suyos, la libertad se la trae al pairo. Y me pregunto seguidamente, ¿cómo va a haber salud sino se come?. En fin, formas de pasar la tarde.

Esto del enclaustramiento también trae sus descubrimientos. Creo que, no solo yo, sino muchos más hemos descubierto que se puede vivir sin fútbol y sin que desde unos y otros medios nos vuelvan locos con que si estos fichan a Juan, los otros a Pedro o aquellos al Chiquilicuatre. Nos hemos olvidado de ello.

Y otro tanto debe ocurrir con el famoseo y sus formas de vivir del cuento. Al no haber actos del tipo en que ellos y ellas se mueven con gran soltura y despelote, en sus dos sentidos, sus ingresos se han visto notablemente mermados. Al hilo de ello conecto Tele 5 para comprobar y allí me encuentro al ínclito Jorge Javier dale que te dale al sublime cotilleo y mamoneo, aunque creo adivinar, cada uno desde su casa. Cosas veredes.

Y es que hay cosas y casos con los que ni el coronavirus puede.

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