EL CARMEN.- Ha de analizarse todo con conocimiento y claridad de criterio

Sea todo puesto en la balanza y aquellos a quienes compete se asesoren y, antes de decidir, sopesen con tranquilidad y claridad de criterios.

No es buena consejera la impaciencia, ni la precipitación. Los días no cambian nunca su cadencia de horas, ni de meses, ni de años. Y los acontecimientos se suceden en su repetición año tras año y época tras época.

Y esta misma cadencia es aplicable a las festividades, ferias y fiestas patronales.  Son largamente esperadas, llegan año tras año, están apenas unos días y vuelven a irse dejándonos de nuevo a la espera. Y así una y otra vez en un repetitivo ciclo.

Y del conocimiento de esa realidad ha de extraerse la evidencia de la relatividad del hecho. Nada va a cambiar en la historia de Cangas y su comarca si este año no suenan los voladores en la tarde del día 16 de julio o deja de iluminarse tronante el cielo en las noches festivas. Si lo analizamos con la razón y no con las entrañas o las vísceras veremos que la suspensión de los festejos en las actuales circunstancias no deja de ser un hecho más del discurrir de las cosas que no altera ni lo singular, ni lo plural, ni lo social. Sí hemos de reconocer que la suspensión traería una serie de pérdidas importantes a la hostelería y el comercio, y estoy convencido de que ello también es considerado por todos aquellos que deben tomar la grave decisión de hacer o suspender. Todo ello con el fondo amenazante de la pandemia al acecho.

Soy consciente de la impaciencia, tensión y ansias, con que los más jóvenes se enfrentan a esta situación. De su falta de miedo a virus alguno y, en su inconsciencia, de estar convencidos de que a ellos nos les afectará pero no  lo están de que pueden ser portadores y contagiar a otros más débiles como los mayores.

Quieren folixa y quieren tirar voladores sin ir más allá en el análisis frio y objetivo de la situación, de sus pros y sus contras; aunque en lo de tirar voladores no solo se muestran inconscientes los jóvenes, sino también muchos mayores. La prueba es que, anunciada la suspensión de verbenas y otros actos multitudinarios, incluido el desfile de peñas, han sido muy pocas las protestas oídas, mientras que en aquellos otros que afectan a las tiradas y la propia Descarga el asunto se muestra mucho más conflictivo y polémico.

En mi modesto criterio, creo que el asunto mollar está en las responsabilidades de todo tipo que adquieren aquellos que han de tomar decisiones, aquellos que han de plasmar su firma en un papel y hacerse responsables de lo que ocurra no solo ante administraciones y jueces, sino también ante los propios ciudadanos. Esa es la dovela de la situación, la piedra angular del ser o no ser del programa festivo.

Son pues justificables tanto las prisas y exigencias de unos como la cautela y prevención de los otros. Sea todo puesto en la balanza y aquellos a quienes compete se asesoren y, antes de decidir, sopesen todo con tranquilidad y claridad de criterios.

A nosotros nos queda el ser disciplinados, cumplir con nuestras obligaciones en aquellos grupos, peñas u organizaciones en las que nos hallemos integrados, ayudar en lo que nos demanden y, sobre todo, no poner palos en las ruedas.

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