Lo que preocupa: Aquí en Madrid, lo mismo que allí

 Hoy escribo desde Madrid.Y es que, como decía don Sebastián en la Verbena de la Paloma, las ciencias adelantan que es una barbaridad y se puede escribir aquí y al momento leer allá.

Sabemos que Madrid está confinado en su perímetro porque lo dicen los papeles y lo bocean las emisoras de radio. Tuve que bajar a la capital por necesidad y preparé los papeles justificativos al respecto, no fuera el demonio que una vez a las puertas de la villa y corte tuviera que dar vuelta con todo el equipo.

Si bien es cierto que en la bajada del Puerto de Guadarramaa el tráfico era mínimo, éste fue aumentando poco a poco y ya ni les digo al llegar a los cuatro carriles de los últimos kilómetros. Era tan intenso como de costumbre, y también como de costumbre mucho más intenso en la salida que en la entrada. No vi ni un solo vehículo de control de la Guardia Civil ni de Policía en todo el trayecto que, de alguna forma, estuviese marcando el citado perímetro. Se supone pues que lo del confinamiento geográfico queda a la buena voluntad de los vecinos que por lo que vi, deben de trabajar la gran mayoría fuera de Madrid dada la aglomeración de coches que salían. Y también me entra la duda pues el reloj marcaba las dos y media de la tarde y no es ésta hora que venga a marcar precisamente turnos de entradas o salidas en los normales horarios laborales.

Y he de decirles que, salvo por las mascarillas, no noté por las calles de la capital diferencia alguna en su trajín y aglomeraciones que las habidas en ápocas anteriores a la pandemia. Las terrazas prácticamente llenas pese a ser día laborable. En las barras, lo de las distancias pues como que no. Incluso en un bar con nombre de río central asturiano, la clientela se apelotonaba en la barra y ocupan en grupo la entrada.

Como quiera que era la hora del café decidí entrar en un local y sentarme en una mesa. Con aire distraído observaba a unos y otros hasta fijar mi atención en un grupo, trabajadores manuales por su aspecto, que estaban pendientes de la televisión mientras comían unos pinchos. Y fue entonces, al oírlos comentar y despotricar, cuando me vino a la memoria aquella habanera que decía: “Allá en la Habana, vidita mía, ocurren las mismas cosas que aquí en España”, y que vine a trascribir como que “aquí en Madrid, mamita mía, ocurren las mismas cosas que en mi comarca”.

Una política cuyo nombre no supe ubicar hablaba en Telemadrid: “Tenemos preparada un una Ley que los españoles vienen demandando hace ya mucho tiempo: una mayor protección para el colectivo LGBT”.

Desde el “anda allá” que soltó el primer trabajador al último exabrupto pasó muy poco tiempo. Y todo fue a más cuando agregó: “Y también se contempla la demanda mayoritaria de los españoles de autorizar el aborto a las menores de 18 años sin permiso de los padres”. Un vozarrón exclamó: ¡Ahí tus ….ones, sí señor!. Eso es precisamente lo que más nos preocupa. El trabajo da igual, la precariedad menos, ¡Mecago en….! La lista de tacos, exabrupto e incluso blasfemias aquí irreproducibles se sucedieron a voz en grito

¿Los abortos?. Las viviendas, los alquileres, los precios, la gasolina, la pandemia, las muertes, los hospitales, los ERES y los ERTES, las escuelas… El alboroto fue tal que se dejó de oír a la política, al parecer la única que sabía que preocupaba a los españoles. Y no era en ningún barrio del extrarradio madrileño, era en Moncloa.

Las mismas, las mismas cosas que en mi comarca.

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