Hemos entrado de lleno en el spanglish. Y yo sin enterarme

Estoy seguro de que prácticamente todos ustedes han oído hablar del “spanglish”, una palabra muy común entre los hispanohablantes, sobre todo en California, que se utiliza para calificar burlonamente la españolización de palabras o expresiones americanas. La forma de hablar de quienes no dominan ni uno ni otro idioma.

Ni por asomo se nos pasó a muchos por la cabeza que terminaríamos viendo y escuchando con la mayor tranquilidad del mundo como aquí, en la cuna del Castellano de Cervantes, de Quevedo, de Delibes o de Lorca, se escuche en nuestros días un “spanglish” vergonzante producto, por una parte, de una españolización de múltiplos términos ingleses y, de otra, digamos, la “anglonización” de otros tantos términos españoles. Y no me refiero a la sustitución de claros términos castellanos, definitivos y definitorios, por edulcorados giros apoyados o no en términos ingleses que los políticos nos han metido a calzador con el beneplácito sonrojante de los voceros de diversos medios de aplauso fácil, que también. Tal es el caso de sustituir sistemáticamente el vocablo “mentira” por “fake news” insinuando que en realidad no es mentira, sino pequeña mentira, una mentirijilla de nada aun cuando sea la manipulación del número de muertos por la pandemia. ¿Y qué me dicen del uso y abuso del tan sobado término “podcast” en lugar del tan simple y claro archivo?. No nos extrañemos si alguien nos llama memos.

Una gran mayoría de españoles, especialmente jóvenes, están convencidos de que gran parte de los términos que utilizan son castellanos de siempre cuando no son sino “falsificaciones” aportadas por modernismos injustificados o envolturas de falsos progresismos de salón.

Se han inventado palabras como grupal, perfectible, molestoso, acabamiento, medible, inentendible, ahogamiento, ningunear, infaltable… y no digamos la tan repetida “entreno” por entrenamiento.

También el leísmo, totalmente incorrecto, ha tomado carta de naturaleza entre los jóvenes, y quizás lo más grave es que ni siquiera saben muchos de ellos en qué consiste y te digan tan tranquilos “le vi en la discoteca”.

Es larguísima la lista de giros y expresiones traídas directamente del inglés:

“Haz que pase”, “caída libre”, “estar detrás”, “movió los hilos”, “lo clavaste”, “dejar a nadie atrás” (por abandonar) y un largo etcétera.

Es también aberrante el uso masivo del gerundio inglés: “Bailando con lobos”, “creando ocasiones”, “manejando opciones”….

El castellano usa muy en contada ocasiones la voz pasiva, pues bien, ahora nos inmunda una inusitada corriente de ellas, especialmente en titulares de uno y otro tipo. Y así, en aluvión incontrolado, están sustituyendo a la voz activa o la forma impersonal con “se”. Un caso extremo es este titular: “Los intervinientes no están siendo creídos…”; o “los cuerpos de las víctimas no han sido encontrados”; “los vecinos fueron preguntados”… y así sucesivamente.

Puede que hayamos llegado ya a ver y oír algunas de estas expresiones tantas y tan repetidas veces que incluso no apreciemos incorreción alguna en ellas, ni tan siquiera si tienen algún contenido o no. No me extrañaría. La infiltración se ha venido produciendo de forma tan furtiva y deslizante que ni tan siquiera la hemos detectado. Y ahora quizás sea ya demasiado tarde.

Bueno, también nos queda otra solución: pasarnos todos con armas y bagajes al inglés.

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R. Mera

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