BERZOCANA/CANGAS.- En el Domingo de las Fiestas desde la lejanía

En Larna, Cangas del Narcea

Domingo 20 de agosto. Una luz tenue entrando por la ventana con las persianas subidas vino a despertarme. A eso de las seis había prestado atención a la radio que, por otra parte, mantengo encendida toda la noche. Son privilegios de la edad y el asueto laboral-que llamamos jubilación- y que te permiten no agobiarte si el sueño no llega. Pones el oído en la radio y… ya llegará.

Me asomé a la ventana sin abrirla. La niebla había bajado desde las montañas llegando prácticamente hasta los cristales mojando caminos y sendas y dejando colgadas de los árboles gotitas temblorosas que, de vez en cuando brillaban al sol que, perezoso, intentaba abrirse paso sin logralo.

Desayuné pausadamente, más café que galletas, y me asomé de nuevo al camino que continuaba mojado. La niebla se había retirado un tanto y el verde que rodea la casa donde me encuentro, en una semiperdida aldea asturiana del concejo de Cangas del Narcea, brillaba cambiante según la incidencia de los rayos solares que continuaban intentando abrirse camino. Al final no lo lograron.

De repente, un chispacillo se encendió en mi cerebro, algo así como una lucecita que se vino y se fue en un pronto. Una yegua y su potrillo pastaban ajenos a todo en el prao cercano. Oí un pequeño ruido lejano. Alcé la vista hacia la montaña que adivinaba enfrente tras la niebla. Nada.

Más, de repente, surgiendo de la niebla con fuerza, cual si hubiese llegado rodando montaña abajo hasta el cercano río Narcea, me llegó impetuoso el sonar de las campanas de Berzocana. Sonaban fuertes las tres: la chica, la mediana y, por encima de ellas, la gorda. Y entonces la lucecita se quedó fija adquiriendo cada más fuerza. Domingo, era domingo, ¡el Domingo de las Fiestas!

La vista se perdió entre la niebla y mi mente se abrió poco a poco al pasado. Brillaba fuerte el sol y mi primo Juan Cotrineja y yo fumábamos a medias un cigarrillo de Bisonte bajo la mirada comprensiva del abuelo Juan Luis que liaba con pausa su cigarro “Caldo de gallina”. Estábamos a la puerta de la iglesia esperando la hora para proceder al primer toque de campanas que anunciaría a los vecinos se iniciaba la cuenta atrás para la solemnes misa y procesión del Domingo de las Fiesta Patronales de agosto.

Y las imágenes se sucedían de atrás hacia delante y de delante atrás sin orden ni concierto alguno. Se iban y venían personas, imágenes y sucedidos. Y del baile en la plaza, justo donde ahora está la entrada al hotel, pasaba a la procesión  Calle Nueva adelante, con sus filas ordenadas y disciplinadas donde lucían los colores de los vestidos de fiestas de las mujeres. Delante, la filas disciplinadas de los niños y niñas de las escuelas con los maestros y maestras en el medio cuidando el orden y el bien circular.

En la plaza la procesión parecía abrirse; Juan Luis el sacristán  dirigía los cánticos situado también entre la filas

-Por-que-vosotros-también- quisiste, en- este-pueblo- siempre-morar

Y el sol, el sol siempre luciendo y calentando

Corrían los niños al carro de los helados de Ángel. Y de nuevo saltaba mi mente a la procesión vislumbrando el pelotón de los hombres al final de la misma, desordenados y charlando en lugar de cantar. En eso no hemos cambiado nada.

Siguen sonando las campanas. Las mozas estrenan velos o sacan el más vistoso de los que guardan en el arcón.Trajes de pana en los hombres, calzonas nuevas en niños y adolescentes.Dicen que la pana protege más del calor que otras telas. Y, por algo son las fiestas ¡qué carajos!. Los hombre se acercan donde Demetrio y piden una cerveza fría que éste saca parsimonioso de un dornajo con paja y hielo en el que las mantiene frías junto a algunas botellas de vino o refrescos.

-Hermana ¿quieres un refresco?

-¡Que refresco ni que demonios! ¡Dame una cerveza fría que son las fiestas!

E Inés, mi madre, ríe complacida mientras Gaspar, su hermano, le acerca la cerveza

Surgen también de entre la niebla las notas del acordeón de botones de tía Pura en el Ofertorio

-Por-tres-perras-chicas-se-sube-al-balcón,se-come-se-bebe-y-se-ve-la función…

Y cogen vuelo las faldas de los trajes típicos de las mozas que danza la jota. Suena después la de Guadalupe. Bullicio, gritos, idas y venidas en la Plaza. Algunos matrimonios esperan junto al montaje de Foto  Díaz para hacer una foto al niño. Le montan en un caballo de cartón. Las ilusiones se abren paso en tiempos de apreturas.

-¡Veinte pesetas la rosca de candelilla! ¡Y vale más!

Los cofrades salen desde la Plaza a las distintas calles subastando a voz en grito los productos ofrecidos a los Santos que han posesionando con el ramo desde la casa del mayordomo a la iglesia y han girado y girado en la misma

-¡Otros devotos y devotas!

-¡Veinticinco pesetas lo rabos de calabaza de tía Concha¡ ¡Y vale más!

Suena el órgano, cantan los curas las vísperas, el ramo gira y gira por las naves de la iglesia…Todo se presenta en un totum revolutum de tiempos y espacios…

El sonar de las campanas  se va perdiéndose de nuevo entre la niebla. El ladrido de un perro viene a despertarme de mis ensueños del ayer.

El sol sigue sin salir

Queridos paisanos: los que hoy vivís lo aquí descrito en el pueblo, los que como yo añoráis las fiestas idas, o los que deseáis estar en las mismas: A todos ¡feliz día y que podamos vivir o añorar muchas más!

¡Felices fiestas! Y. como decía tía Pura: ¡Vivan Nuestros Gloriosos Santos Benditos San Fulgencio y Florentina nuestros patronos!

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R. Mera