SUROCCIDENTE.- El Carmen y Severo Ochoa: «Cuarenta años latiendo en el corazón»
“Cuarenta años después, el Hospital conserva su principal seña de identidad: el trato cercano, personalizado y humano»

El Hospital Comarcal de Cangas del Narcea cumple cuarenta años. Para conmemorar el aniversario, el Servicio de Salud del Principado de Asturias, Sespa, elaboró un vídeo que se presentó ayer jueves en el Teatro Toreno y en el que usuarios, trabajadores, antiguos responsables y profesionales de distintas generaciones reconstruyen la historia del centro. Sus recuerdos permiten comprender la dimensión de un hospital que nació «entre dificultades», pero también rodeado de ilusión y de un profundo compromiso con el territorio.
José Luid R. Mera, entonces corresponsal de La Voz de Asturias inicia el video precisando que el día de la inauguración se vivió una jornada «ilusionante, cargada de esperanza», que se hizo realidad después de años de trabajo para conseguir que aquel proyecto saliera adelante. La adquisición de los terrenos había sido especialmente compleja y el entonces alcalde, José Luis Somoano, tuvo que afrontar críticas por el coste de la operación. Cuatro décadas después el tiempo, sostiene el testimonio del corresponsal, «terminó dándole la razón».
El centro se convirtió en uno de los grandes valores de Cangas del Narcea y de toda la comarca suroccidental. Hasta entonces, numerosos vecinos «debían recorrer decenas de kilómetros para someterse a una prueba, acudir a una consulta o recibir atención especializada». Algunos desplazamientos alcanzaban los 30, 40 o incluso 90 kilómetros, en localidades con escasas comunicaciones y sin transporte público adecuado.
La creación de puntos periféricos para la recogida de muestras y la extensión de los servicios sanitarios por distintos concejos supuso una auténtica revolución en todos los aspectos. Para Mera, este hecho tuvo tanta importancia como la creación del propio hospital ya que “permitió acercar la atención a los pueblos y evitó que los pacientes tuvieran que realizar largos viajes para someterse a procedimientos básicos». Y así se reseña en el documental, que emite imágenes del servicio asistencial de 1991.
El hospital atiende un territorio que representa aproximadamente el 20% de la superficie de Asturias, pero en el que reside únicamente alrededor del 2% de la población, según los datos ofrecidos por el director de Atención Sanitaria de Cangas del Marcea, Enrique Sommer. La distancia hasta los principales hospitales de la región puede superar una hora en coche, circunstancia que, unida al envejecimiento y a la dispersión de los habitantes, otorga al centro una identidad propia.
En el vídeo se define al hospital como «el vertebrad social y sanitario de una de las zonas geográficamente más complejas de Asturias», lo que define su gran identidad. También se destaca su importancia económica y demográfica. Más de 600 personas trabajan en el área sanitaria, muchas de ellas jóvenes, lo que contribuye a fijar población, mantener el sector servicios y conservar la vitalidad de una comarca muy afectada
Más de 600 personas trabajan en el área sanitaria, muchas de ellas jóvenes,
El testimonio de Rafael Suárez del Villar, primer gerente del hospital, es clave para recordar los inicios. En el video rememora la precariedad y la intensidad de aquellos primeros meses. «Éramos cuatro pelagatos en la inmensidad del océano», afirma al recordar el reducido equipo con el que comenzó a funcionar el centro.
Aquellos profesionales tuvieron que poner en marcha los servicios prácticamente desde cero. Médicos, personal de enfermería, técnicos y trabajadores de diferentes áreas asumieron el reto con entusiasmo y una gran capacidad de colaboración.
Suárez del Villar resume la velocidad con la que se desarrollaron aquellos trabajos con otra frase contundente: «Lo que en otros hospitales se hizo en cuatro años, aquí se hizo en un mes».
Los primeros trabajadores recuerdan un hospital todavía en obras, al que iban llegando los equipos y el material necesario para abrir las urgencias, los laboratorios y las distintas unidades. Era una plantilla «joven, con muchas ganas de sacar adelante el proyecto». Para algunos de ellos, aquellos dos primeros años continúan siendo el mejor recuerdo de toda su trayectoria profesional.
Los testimonios muestran también cómo evolucionó el centro. Los primeros laboratorios realizaban gran parte del trabajo de forma manual. Las peticiones se registraban una a una, los resultados se distribuían en casilleros y los técnicos tenían que descifrar las firmas de los médicos. Con el paso del tiempo llegaron la informática, nuevos equipos, más técnicas diagnósticas y una plantilla más amplia.
El hospital fue incorporando especialidades, ampliando sus servicios y renovando su tecnología. En sus primeros años no disponía de TAC, cafetería ni aparcamiento. La adquisición del primer escáner contó con la colaboración de los ayuntamientos del área, que financiaron una parte importante del equipo. También participaron en la compra del primer mamógrafo.
La adquisición del primer escáner y mamógrafo contó con la colaboración de los ayuntamientos del área, que financiaron una parte importante del equipo.
A pesar de los cambios tecnológicos y asistenciales, los profesionales consideran que el hospital «conserva su principal seña de identidad: el trato cercano, personalizado y humano».
Los usuarios recuerdan en los videos la atención recibida durante sus ingresos, partos o consultas, mientras que los trabajadores destacan el compañerismo y el ambiente existente desde los primeros años. Algunos llegaron al hospital siendo muy jóvenes y desarrollaron allí toda su carrera; otros relatan el orgullo que supuso poder trabajar en su propia comarca sin verse obligados a desplazarse a las áreas centrales de Asturias.
Uno de los testimonios resume así su importancia: el hospital no solo ofrece salud y cuidados, sino que también proporciona» seguridad, trabajo y vida al pueblo». Su apertura puso fin a numerosos viajes interminables hacia Oviedo y evitó que muchas familias tuvieran que abandonar la comarca para recibir asistencia sanitaria. Lleva «cuarenta años latiendo en el corazón




