CANGAS DEL NARCEA.-Fresas de Llano

Acababa yo de cerrar el portal del edificio. Pausadamente el hombre se acercó hasta mí. Con una pequeña cesta en la mano completaba una imagen un tanto fuera del contexto que a hora y paisano correspondían.
-Home, Toño; si te colocamos una caperuza, puedes pasar por Caperucita Roja camino de casa de la abuelita. Le suelto con un tanto de mala leche
-Abuelita voy date yo a ti. Toma y calla que siempre ties que sacar alguna; me dijo sonriente mientras me entregaba la cestita objeto de mi burla.
Era una cesta coqueta, confeccionada artesanamente y en la que podían verse unas fresas pequeñas y flojas de color.
-Fresas de Llano.
-¿De dónde quieres que sean?, de Llano, las mejores, y de mi huerta; que las disfrutéis. Y dándose la vuelta me dejó sin más con la cestita en la mano.
Volví a mi casa para dejar la tan citada cesta y en el ascensor no pude por menos de recordar mi primer acercamiento a las fresas de Llano
Fue allá a mediados de los setenta del pasado siglo (Hay que ver cómo pasa el tiempo, ya hablamos del pasado siglo).No sé porqué circunstancias fuimos a comer al Blanco. No era entonces lo que es ahora, ni tan siquiera como hace unos años, pero ya gozaba de prestigio en Cangas y comenzaba a tenerlo a nivel regional
-Mera, voy a ponerte de postre unas fresas de Llano que te vas a chupar los dedos, me dijo Pepín todo orgulloso. ‘
-Y aprovéchalas que hay muy pocas y no se las puedo poner a toda la gente
Al rato me puso delante un recipiente con la citad fresas.
Mirelas desconcertado. Aquello no se parecía en nada a las fresas que yo conocía, y mucho menos a los fresones.
Tras la loa de Pepín yo esperaba unas fresas rojas, intensas, prietas… Cogí una de ellas, eran muy pequeñas, como con ictericia, y mantenían alrededor sus hojillas verdes y su rabito. Blandas, que no tensas.
Con mucho cuidado me lleve una a la boca, apenas presioné un poco y se deshizo en la misma. Y fue entonces cuando percibí sus características especiales: eran pura ambrosía, de una suavidad exquisita que ni tan siquiera necesitaba de masticación; cada una de ellas se deshacía poco a poco dejando que su espeso líquido interior acariciara al paladar en todos sus rincones y papilas
Pepín se acercó sonriente:
-¿Qué Mera? ¿Gústáronte he? Ya vi cuando te las traje que arrugabas el ceño, pero esperé a que las probases; sabía lo que iba pasar. Son riquísimas, especiales, originales y… escasas
Y ahora entraba yo en mi casa con una coqueta cestilla llena de ellas. Eran de Llano, de la huerta de Toño y Ángeles, los de la Treito Y cultivadas con cariño en la mejor de las tradiciones
– Cuando más disfruto es cuando veo como las comen mis amigos, dice Toño orgulloso.
-Pues estate tranquilo, nosotros las disfrutamos muchísimo conscientes de su `casi´ exclusividad y deleitándonos en cada una de ellas.




