CANGAS DEL NARCEA.- Así fue la Descarga de este año celebrada el día 21

La periodista canguesa Demelsa Álvarez relató así para La Nueva España la Descarga de este año aplazada el día 16
Se hizo esperar, pero la Descarga 2026 no defraudó. La emoción contenida de todo un pueblo estalló en un apoteósico disparo pirotécnico de 7 minutos y 30 segundos, la tarde del 21 de julio, cinco días después de la celebración del Carmen.
La tormenta que irrumpió en Cangas del Narcea a la una del mediodía del pasado 16 de julio obligó a suspender este singular espectáculo pirotécnico y a buscarle una nueva fecha, optando por acercarlo a los festejos en honor a la patrona Santa María Magdalena, que vivirá su día grande este miércoles. El motivo de elegir este día en concreto se debe a que, al encontrarse dentro de un ámbito festivo en la villa, hay una reglamentación que ampara la organización de disparos de pólvora, lo que permite celebrar esta gran tirada, organizada por la Sociedad de Artesanos.
La gente llenó Cangas del Narcea desde primeras horas de la tarde para ser testigos de este hito festivo único en el mundo. Fueron muchos los que regresaron a Cangas después de haber estado el pasado jueves. Es el caso de Carmen Bernardo, Nati del Campo y Paco Novoa, de Gijón, quienes sin ninguna raíz familiar en el concejo suman 30 años asistiendo.
«Desde el primer día que vine y lo vi, me pareció una cosa tan impresionante que quise repetir, es algo que no puedes ver en ningún otro lado», subrayó Nati del Campo. «Son siete minutos espectaculares», resumió Paco Novoa.
A la canguesa Montse Fernández también le pareció «impresionante». «Como esperas un año para verla, cuando llega el momento se supera, es mejor que los anteriores», aseguró. Y añadió que la espera para disfrutar de esta edición «mereció la pena, porque fue estupenda».
Con mucha pasión y nervios la experimentó Elena González, quien por primera vez disfrutó del espectáculo desde el Puente Romano: «Aquí se vive con mucha emoción, el sentimiento de ser canguesa se vive incluso más en estos momentos»

La celebración se replicó como si del día del Carmen se tratase, con la cuenta atrás que inicia a las seis y media de la tarde la peña «El Voladorón», que va marcando el paso de la espera con el lanzamiento de barrenos, una cadencia sonora que fue estrechando el pulso de una villa pendiente de un instante. Una hora después dio comienzo la misa solemne en la basílica, mientras en el Prao del Molín la expectación crecía alrededor de los cerca de 80.000 voladores custodiados por la directiva de la Sociedad de Artesanos Nuestra Señora del Carmen, responsable de hacer posible el disparo.
A las ocho, el repicar de las campanas anunció la salida de la procesión. La Virgen del Carmen, que desde el día 16 a mediodía permanecía en la basílica, emprendió su camino de regreso a su capilla de Ambasaguas. Lo hizo acompañada por la música del grupo tradicional «Son d’Arriba» y la Banda de Música de Cangas del Narcea. La vista de todos en ese momento se dirige al Puente Romano, donde, como marca la tradición, la Virgen recibe la ofrenda de pólvora de todo un pueblo.
En el momento en el que la imagen llegó al centro del puente, el presidente de la Sociedad de Artesanos, Luis Martínez Tejón, lanzó el primer volador desde el Prao del Molín. Breve y solitario, ese estallido fue la chispa que despertó un engranaje perfectamente sincronizado. Los cerca de 400 tiradores y otros tantos apurridores –unos pocos menos que en años anteriores por el cambio de fecha–, distribuidos por distintos puntos del entorno, comenzaron entonces la tirada a mano, elevando al cielo casi 20.000 voladores.
El espectáculo fue creciendo como una marea de pólvora que avanzaba sin dar tregua, hasta alcanzar el momento culminante de la tirada manual. Fue entonces cuando entró en acción la parte mecanizada. Las máquinas instaladas en el Prao del Molín comenzaron a dispararse de forma escalonada, una tras otra, enlazando una secuencia de estruendos que recorrió el valle con la fuerza de un latido gigantesco.
El prefinal volvió a suspender el tiempo durante apenas unos segundos, para dar paso a la gran traca culminante, un rugido ensordecedor que convirtió el cielo de Cangas del Narcea en una bóveda de humo y pólvora. Y, de repente, el silencio. Apenas un instante que pareció eterno antes de que estallaran los aplausos, los vítores y la emoción compartida de miles de personas. Entre abrazos, lágrimas y sonrisas, la Descarga volvió a demostrar que no es solo un espectáculo pirotécnico, sino la forma en la que un pueblo entero transforma la pólvora en plegaria y renueva, año tras año, su promesa a la Virgen del Carmen.
«Es un momento de mucha emoción, en la Descarga siempre me acuerdo de la gente que me falta, la vivo con una sensación de celebración y a la vez de tristeza, es un acto muy emotivo», confesaba el tirador David Rodríguez, de la peña «La Ramilletera». Asegura que, como tirador, los nervios empiezan a aflorar en los minutos previos a la Descarga, cuando todo está preparado para que comience el disparo, pero que una vez que sale de sus manos el primer volador ese nervio se disipa y comienza la concentración. «Es como ir a hacer un examen, están los nervios previos, pero en cuanto empiezas a escribir ya sale todo», comparaba.

Con especial emoción vivió el disparo Jorge Rubio, de «El Cachu», quien en esta edición tenía a quién enviar sus voladores. «Este año fallecieron mi abuela y mi amigo Óscar, en el accidente de la mina de Vega de Rengos, así que para mí esta Descarga fue especial, porque es un momento para tenerlos presentes y recordarlos», subrayó.
Muchos de los voladores que salen al cielo en este espectáculo llevan nombre propio. El de familiares y amigos fallecidos, en señal de recuerdo, pero también el de hijos que acaban de nacer o el de familias enteras para pedir a la Virgen por ellos, para los que proteja. «Cada uno rinde su propio homenaje», confiesan los tiradores.




