CANGAS DEL NARCEA.- Un año más el Festival de Tomate resalta las cualidades de este producto huertano
El concurso
Cangas del Narcea volvió a rendirse al tomate. Sesenta productores particulares, llegados del propio concejo, de Tineo e incluso de Caboalles (León), llevaron sus mejores ejemplares a la decimoquinta edición del Festival del Tomate, organizado por el bar restaurante Blanco. Una cita que se ha convertido ya en una de las celebraciones del calendario cangués en septiembre.

El cocinero Pepe Ron, impulsor del concurso, percibe una evolución positiva en los tomates presentados. «Creo que hay unos tomates de una calidad excepcional», señala. Pero recalca que el objetivo va más allá de elegir el mejor ejemplar, lo que busca es potenciar el tomate autóctono e incluso intentar crear la marca de tomate de Cangas. «Tenemos que buscar ese tomate autóctono, el tomate de Cangas y generar esa marca», afirma. Una apuesta por recuperar las variedades más vinculadas al territorio frente a las foráneas. Un tomate que recuerda que se caracteriza por tener «mucho sabor y eso es lo que queremos».
El objetivo va más allá de elegir el mejor ejemplar, lo que busca es potenciar el tomate autóctono para cerrar la marca de “Tomate de Cangas”
Los tomates de la huerta canguesa fueron los que lograron imponerse en el certamen. El ganador fue el tomate cultivado en el barrio bodeguero de Santiso por José Ramón González Toraño, que logró que el jurado le otorgase una puntuación de excelente, sumando 97,5 puntos. Le siguió el tomate presentado por Zulima Queipo, con 84 puntos, y en tercer lugar quedó Emilia Rodríguez, vecina de Llano, con 74 puntos. En el certamen también se reconoce al mayor tomate presentado, que en esta ocasión fue un ejemplar de 1.370 gramos, de Adela Rodríguez, de Portiella.
El jurado encargado de seleccionar al mejor tomate estuvo compuesto por profesionales vinculados a distintos ámbitos de la gastronomía, entre ellos los críticos gastronómicos Carlos Maribona y Paz Álvarez, el enólogo Raúl Pérez, cocineros como David Menéndez, Pablo Montero y Ricardo Sotres, el asador José Gordón, el pastelero César Antón o Cuco Nieto, de Campoastur.
Graciela Blanco, presidenta del jurado insistió en la filosofía del organizador: «Aquí buscamos el mejor tomate para comer. No para mirar para él» y hace hincapié en que el propósito del certamen es también «prestigiar el tomate de aquí».
En este sentido, Cuco Nieto pone el acento en la importancia de la conservación de las variedades tradicionales. «Normalmente, los más imperfectos, los más rústicos son los autóctonos, porque las variedades más evolucionadas buscan tomates perfectos, más redonditos, sin defectos para la cadena de distribución y eso ha sido contraproducente para el sabor», expone. Por eso valora que el concurso se centre en buscar «un tomate de sabor» y anima a los productores a mantener las semillas y seguir cultivando las variedades propias «para conservar el material vegetal autóctono».
El concurso se centra en buscar «un tomate de sabor» no de “formas perfectas”
El cocinero David Menéndez destaca el nivel de los participantes: «La calidad suele ser buena. La media es muy alta». En la valoración, explica, el aspecto visual queda en un segundo plano «frente al aroma, la acidez, la frutosidad y la textura».
En el concurso se hace una primera criba, en la que los doce jurados divididos en cuatro grupos valoran 15 ejemplares, eligen los tres mejores de cada grupo y así llegan a la final 12 que ya prueban todos los miembros del jurado, seleccionando los tres mejores.
El festival tiene además un componente solidario. Los doce tomates finalistas se colocan en un cesto y se subastan con fines benéficos. Este año, la recaudación 1.050 euros, se destina a la Asociación Parkinson Narcea.
El ganador

Una piel muy fina, casi sin pepitas y «muy buen sabor», son las características principales de los tomates ganadores en la decimoquinta edición del Festival del Tomate de la huerta del Narcea que organiza el bar restaurante Blanco de Cangas del Narcea. Cultivados a orillas del río Luiña, en el barrio bodeguero de Santiso, los tomates de José Ramón González Toraño lograron destacar entre los 60 presentados y obtuvieron una puntuación de excelente por parte del jurado profesional que le otorgó 97,5 puntos sobre cien. Además, no es la primera vez que los tomates de este vecino de Santiso triunfan en este certamen.
«Me presenté por primera vez hace catorce años, cuando llevaban cuatro ediciones, y gané, desde entonces solo fallé dos años, aunque no había vuelto a llevarme el primer premio», cuenta el vecino de Santiso que señala que este concurso es un «incentivo» que anima a cuidar «con mimo» la huerta.
Reconoce que es un festival que le gusta mucho y en julio ya le preguntó al cocinero Pepe Ron si tenía fecha para su celebración. «Este año desde el primer día ya sabía que tenía que llevarlos al concurso, no porque pensara que iba a ganar, pero se veían muy sanos y con muy buena pinta», asegura el ganador, que fue el primero en inscribirse y entregar los tomates en el restaurante y bar Blanco.
Cada año intenta hacer semillero, pero no siempre consigue ver crecer las plantas, así que acaba comprando los plantones a un vecino de Corias, como ocurrió este año. Solo cuenta con dos filas de tomateras de unos tres metros de largo en el pequeño terreno que tiene al lado de casa, pero es más que suficiente para recoger una buena cosecha de tomates si el año viene bueno.
«Este año salieron de maravilla, hizo mucho calor y maduraron muy bien, aunque también hubo tormentas, niebla y orbayo que no es muy bueno para las plantas»
Además de lo que pueda influir el tiempo, el ganador del concurso también señala que es importante prestarles atención. Primero, cuando el plantón llega a la huerta hay que mantenerlo bien regado para que prenda en la tierra. «Además lo sulfato dos veces, una cuando sale la flor y otra cuando el tomate es como una avellana, para evitar que les entren bichos, una vez que crecen ya empiezo a regar cada cuatro o cinco días y no con mucha agua y también es muy importante quitar todas las ramas bajas», detalla.
González Toraño reconoce que cuidar la huerta conlleva trabajo, pero «compensa». «Aparte de comer unos buenos tomates toda la temporada, si acabas llevándote el reconocimiento del Festival del tomate presta todavía más, porque hace ilusión ver reconocido el trabajo con un premio», señala. De hecho, el diploma de la primera vez que ganó el concurso lo tiene enmarcado y con el diploma actual hará lo mismo, para colocarlo con orgullo en un sitio visible de la casa.




