CANGAS DEL NAREA se convirtió en capital mundial de las “Vespas”

Cangas del Narcea se convirtió el pasado, día 12 sábado, en la capital mundial de motos `Vespa´. Su peculiar y conocido diseño se adueñó de las calles de la villa y vehículos y propietarios se concentraron en la Plaza Conde Toreno para solaz de unos y otros en un día espléndido de sol.
El característico sonar de sus motores, su ir y venir por la calles y su aparcamiento en la Plaza, frente al ayuntamiento y en el marco que delimitan las almenas, convirtieron el centro de villa en un pequeño museo al aire libre.
El responsable es el club Vespistas del Narcea, una asociación joven, nacida hace apenas dos años de la afición compartida por un grupo de amigos y que afrontaba con especial ilusión su primera gran concentración en casa. Y el estreno difícilmente podía haber tenido mejor acogida: la organización había fijado un límite de cien motos y, a pocas horas de la cita, únicamente quedaban cuatro plazas por cubrir.
«Estamos muy ilusionados. Es la primera que hacemos en casa y esperamos que sea la primera de muchas», explica Miguel Ángel Fernández, el líder de Vespistas del Narcea. Hasta Cangas han llegado aficionados procedentes de diferentes puntos de Asturias, «desde Oriente hasta Occidente», además de participantes llegados desde Galicia.
Acudieron motos de prácticamente todos los colores. Algunas conservan escrupulosamente su aspecto original; otras han pasado por las manos de sus propietarios, que las han personalizado, restaurado o cambiado de color. Junto a las Vespas también se pueden encontrar Lambrettas, otra de las grandes protagonistas entre los amantes de los scooters clásicos.
«Lo que más nos gusta como asociación es que la gente las vea. Es casi como si fuese un museo», cuenta Fernández. Y ese objetivo se cumplió desde primera hora. Fueron muchos los vecinos de Cangas del Narcea que se acercan a las motos y observan con interés cada detalle. Para unos despiertan recuerdos; para otros, curiosidad ante unos vehículos que continúan llamando la atención décadas después de haber salido de fábrica.
La Asociación de Vespistas

La historia de Vespistas del Narcea comenzó de una forma sencilla. Primero fueron los contactos a través de las redes sociales y después llegaron los encuentros en persona. «Éramos cuatro o cinco amigos y poco a poco fue creciendo», recuerda su presidente. Otra concentración terminó de darles el empujón necesario para organizarse y convertir una afición compartida en un club.
Ahora rondan la treintena de socios, aunque las expectativas apuntan mucho más alto. «De momento somos pocos, pero para los próximos años creemos que vamos a subir bastante la cifra», señala Fernández. Su intención es que el proyecto no se limite únicamente a Cangas, sino que pueda aglutinar a «aficionados de toda la ribera del Narcea».
Por encima de las motos, asegura, está además la amistad que se ha ido formando alrededor de ellas. «La Vespa nos une. Se crea un grupo de amistad», resume.
Algunos socios utilizan las motos incluso en su día a día, cuenta Fernández, otros las reservan para salidas, concentraciones y encuentros. Y mantenerlas exige dedicación. «Puede ser una afición cara, depende de lo que te quieras gastar. Siempre hay que estar encima de ellas, mimándolas y acariciándolas», bromea el presidente. La ventaja es que se trata de vehículos antiguos pero de una mecánica relativamente sencilla, lo que permite a muchos aficionados involucrarse personalmente en su conservación.
La variedad de modelos, colores y estilos resume precisamente el espíritu de la concentración: conservar vehículos con historia, compartir la afición y, sobre todo, sacarlos a la calle para que puedan disfrutarlos también «quienes nunca se han subido a una de ellas».




