BERZOCANA.- Miguel Chori y Encarna o Encarna y Miguel Chori

Chori y Encarna conforman uno de los pocos matrimonios que  en Berzocana han llegado a cumplir los 90 años cogidos de la mano y en perfecta armonía. Con motivo de ello, su hija Guadalupe, parodista de profesión, ha colgado en las Redes un artículo artículo que, con su aquiescencia, aquí recogemos al considerarlo entrañable, tremendamente cariñoso y, a la vez, que un retrato de la realidad de otras años y otras formas de vida.

Dice así:

“Con cinco años ella ya guardaba cerdos en la finca que su madre arrendó para sacar adelante a la familia al quedar viuda con 45 años y cinco hijos.

No pudo ir a la escuela. Sus hermanos, poniéndole empeño, fueron sus maestros. Aprendió a leer y a escribir en el chozo rodeada de encinas.

Cuando tenía 18 años dejaron el campo. Abrieron una panadería y una vaquería en el pueblo, en Berzocana. Y ahí, entre panes y vacas, pasó sus primeros años de juventud.

Él había nacido un año antes, en 1935. Sufrió las estrecheces de la guerra y la posguerra. En casa, con 4 hermanos, el plato era escaso y sus pies no supieron de zapatos hasta que tomó la primera comunión.

Eran malos tiempos para el oficio de su padre, albañil. Las penurias de aquellos años casi que no daban para encargos de obras. A su madre, costurera, las familias ricas le pagaban con trozos de pan, tocino o morcilla que guardaba en el bolsillo del mandil y sacaba en la mesa de casa.

Fue precisamente su madre la que le puso el mote, a él y a medio pueblo. Dicen que era una mujer graciosa y ocurrente. Vivían al lado de la fábrica de harinas, donde iban a comprar los deportados vascos que, en régimen de trabajos forzados, abrían a pico y pala la carretera que llevaba a Garciaz. Sufrían el destierro que, como a tantos otros perdedores de la guerra civil en toda España, la dictadura de Franco, castigaba alejándolos de su tierra. El que apodaba txori, pajarito en vasco, llevaba siempre puesto un mono en el que mi abuela se fijó para hacer uno a mi padre. Entre risas y guasa comentaba lo mucho que su hijo, con el mono puesto, se parecía al Chori, y con ello se quedó.

Miguel Chori creció y se fue a Madrid a hacer la mili. Don Aurelio, el médico, le decía a mi abuelo: ¡hay que ver Juan! que tu muchacho estando en el servicio mandé dinero a casa y mi hijo, desde Melilla, no se cansa de pedírmelo.

Corría el año 1958 y por las tardes, después de terminar las tareas que le ordenaba el capitán con el que estaba de sirviente, y cuando los soldados salían de paseo, él se iba a trabajar. Estuvo echando horas en oficios duros, de carbonero y lavando pieles.

Al terminar la mili quiso quedarse en Madrid pero no pudo ser. Su padre le amenazó con mandarle a la guardia civil si no volvía al pueblo. Y volvió.

Se unió a la cuadrilla de albañiles de su padre, su hermano y sus tíos. Como el trabajo flojeaba, en tiempo de esquila tocaba esquilar.

El 6 de octubre de 1961 Encarna y Miguel se casaron. Me cuenta mi madre que lloró porque fue un día de mala suerte. Murió un tío carnal de mi padre. La mitad de los invitados iban y venían del velorio al convite. Y a ella que los días de lluvia le ponen tan triste, justo en el de su boda cayeron chuzos de punta.

Criaron a 4 hijos. Con esfuerzo, sacrificio y becas nos dieron estudios.

Hoy nos hemos juntado toda la familia para celebrar sus 90 años. Él los hizo en octubre del año pasado, ella en marzo de este.

Feliz cumpleaños”.

Pues feliz cumpleaños a Chori y Encarna. Y que cumplan michos más

.Comparte en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Pin on Pinterest
Pinterest
Share on Tumblr
Tumblr

R. Mera