De paseo en un domingo otoñal

De paseo en un domingo otoñal

(Domingo 4 de octubre de 2026)

Abrió sus puertas el domingo al otoño. Evocaciones de hojas muertas en los campos y marrones y ocres en caminos, bosques y parques. El Paseo del Vino se viste de otoño y las aguas del Luiña se asoman al cielo libres poco a poco de hojas las copas de los árboles que le han dado sombra en este tórrido vanaron.

El reloj se acerca  a las ocho de la mañana. Abro la ventana y me asomo a la calle. Aún no se han apagado los focos y una ligera neblina envuelve los mismos. Nadie en el Paseo, ni siquiera pasa vehículo alguno. Se nota que es domingo.

Tras desayunar me lanzo a la calle dispuesto a dar mi mañanero paseo. La niebla tapa las montas más allá de Adralés y hacia Leitariegos. Más abajo, entre Santa Marina y Obanca, aquellas se dejan jirones de su todo entre las casas y los árboles.

Recorro la recta de Santa Catalina sin encontrarme con nadie. Silencio de palabras y de motores. Ya en la glorieta del Hospital me cruzo con Paniagua. Es un fijo de la ruta y de la hora sea el que sea el tiempo que el día presente. Es como un termómetro que cada mañana señala que todo está bien, que el día avanza con arreglo a las rutinas del pueblo. Algunas ventanas del Hospital aún se encuentran iluminadas por luz artificial. Apenas hay coches y sí muchos aparcamientos libres, algo imposible en un día laboral.  Quietud y sosiego en todo el entorno. La niebla se espesa y aparece el orbayo. Abro el paraguas. Uno verde de propaganda que me queda un tato pequeño. De cuando en vez se inicia un chubasco que al llegar al suelo, arrepentido al golpear el mismo con sus primeras gotas, se arrepienta y se retira de nuevo. Lucia y su marido me adelanta en la Reta del Pontón recriminándome mi ausencia del diario pase en estos últimos días. Tanto la ida como en la vuelta es un continuo abrir y cerrar el paraguas. Me cruzo con un matrimonio que no conozco, aún visten atuendo veraniego. Aunque la mañana abre del todo a la luz del las nieblas permanecen abrazadas a los montes. La temperatura es agradable.

El Paseo del Vino ( Mera)

Estos primero días del otoño siempre me traen imágenes de mochilas bajo las que se adivina niños que cada mañana, mañanas como esta, se dirigen a sus colegios. Una vez que allí los dejan, las madres, en parejas o en pequeños grupos aprovechan para dar el paso, más corto o más largo, y pasar revista  a todo lo acontecido más recientemente.

De regreso al hogar escucho en la radio el informativo: tormentas, inundaciones, calamidaes y protestas en las grandes ciudades. ¡Con la de casas vacías que hay en nuestros pueblos!

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R. Mera