Chinos y máquinas en el suroccidente asturiano

La crisis aprieta y agudiza el ingenio. El ingenio, los fraudes, los engaños, los robos, directos o disimulados; los timos, las estafas y las astucias.

Y también las habilidades que, si no son delictivas, rozan la ilegalidad. Y dentro de estas quiero hacer especial referencia a las que desarrollan y aplican grupos de chinos (o eso parecen) para dejar completamente vacías las máquinas tragaperras de los establecimientos de la comarca suroccidental asturiana. No es que seamos pioneros, pero ahora nos ha tocado.

Les cuento:
Tomaba yo tranquilamente café en El Molinón, en Cangas, cuando cuatro chinos entraron y se colocaron muy cerca de mi. Dos pidieron café, uno se quedó junto a la puerta y el otro sacó un puñado de monedas y comenzó a introducirlas en la máquina con una velocidad de prestidigitador. Disimuladamente, mirando por encima del periódico, me centré en el de la máquina. Con la mano izquierda sostenía un buen puñado de monedas perfectamente alineadas. Con un pequeño golpe las hacía pasar a la derecha y con un hábil juego de dedos las introducía en la ranura. Simultáneamente daba a una y otra tecla, de las muchas que tienen estas máquinas, y de vez en cuando recogía las monedas que caían al cajón de premios, todo esto a gran velocidad. La máquina no paraba de echar monedas por abajo mientras que el chino seguía introduciendo de una en una por arriba y tecleando. De golpe un gran ruido anunció un premio gordo, seguidamente, otro, y luego otro. El jugador recogió todas las monedas y las colocó en el mostrador mientras golpeaba la máquina y seguía introduciendo monedas. Visiblemente enfadado hablaba con sus compis en su lengua. Uno de ellos se dirigió a la encargada de la barra y en un mal, pero entendible castellano, le reclamaba 200 € que decía él le adeudaba la máquina, máquina que se había quedado absolutamente vacía. La encargada se negó y le instó a llamar al teléfono que figuraba en la máquina ya que ella no era la propietaria. Siguieron protestando hasta que aquella señaló que, para evitar problemas llamaría a la Guardia Civil para que efectuasen la correspondiente denuncia. Mano de santo. Farfullando vocablos ininteligibles abandonaron el local dejando a la máquina con telarañas.
Según me explicaron se estaban moviendo por toda la zona. Los del mostrador distraían a unos y otros, el de la puerta controlaba la posible presencia de policías o guardia civil y el artista le daba a la tecla.
Tienen una habilidad especial para vaciar máquinas y de aquí van a otro bar y luego a otro. Como todo tiene apariencia legal, y probablemente lo sea, no puedes hacer nada, salvo avisar a los otros negocios para que desenchufen las máquinas antes de que lleguen.

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