Mujeres mineras, Santa Bárbara, encerrados y solidaridad a raudales en Cangas del Narcea

 

Las mujeres de los mineros de Cangas del Narcea llegaron de madrugada a esta su villa de Cangas. Contentas y desilusionadas, aunque ello parezca contrapuesto en sus más estrictos significados. Contentas por los apoyos recibidos, “especialmente el del alcalde”, especificaron, y desilusionadas por el resultado de la votación de los presupuestos que no les fue en nada favorable. Su “Santa Bárbara bendita…” a las puertas del Senado puso los pelos de punta a cuantos desde las tierras mineres les escuchamos e incluso a quienes allí mismo inquirían qué significaba aquel canto tan desgarrador. Quizás por eso, por desconocer su significado, se obvió en muchas radios y televisiones.
Esta tarde se reúnen de nuevo para aunar criterios en cuanto a qué acciones de presión deben de seguir ejecutando en defensa de los puestos de trabajo de sus maridos y el futuro de sus hijos lejos de la emigración. Se sienten con fuerzas y muy arpadas para seguir con las protestas al margen de las que los sindicatos mineros puedan decidir.

ENCERRADOS

Por su parte, los cinco mineros encerrados en el salón municipal de sesiones de Cangas del Narcea están con la moral alta y dispuestos a llevar su decisión “hasta donde sea necesario”. Palpan la solidaridad de la comarca minera en general y de Cangas en particular. No les falta de nada, aseguran. Restaurantes de la villa les hacen llegar las diferentes comidas; desde los bares, los comercios y las casas privadas les llegan toda clase de viandas y bebidas. La solidaridad, inmaterial en su concepto, encuentra aquí los medios tangibles de hacerla llegar a la familia minera. El espíritu heredado de una tradición de lucha y trabajo hombro con hombro se materializa en aquí en especies y en el contacto directo de los abrazos de ánimo.
José Benjamín Fernández, de Cangas del Narcea, casado, de 31 años y con 12 en la mina; Óscar Argüelles también casado, vive en Carbachu, tiene 36 años y lleva siete trabajando en la mina; Andrés Linde, es el más veterano del grupo, con 41 años ha dedicado 18 a la mina, está casado, tiene un hijo y vive en Lladréu y José Manuel Linde, soltero, que vive en Las Cuadriellas, tiene 34 años y desde hace 10 trabaja en la mina. Estos fueron los primeros, a ellos se unió posteriormente Ambrosio Martínez, también como los anteriores, trabajador de la empresa Carbonar.
Los cinco aseguraban que “al igual que somos nosotros los que estamos aquí, podrían haber sido otros compañeros, todos estamos dispuestos a hacer lo que haga falta por encontrar una solución, nadie se echa atrás”.
A la llegada al ayuntamiento, los mineros se encontraron con la comprensión y apoyo del equipo de gobierno local, que les han facilitado las camas y una televisión, mientras sus compañeros y familiares se turnarán para hacerles llegar comida, con el objetivo de intentar que su encierro sea lo más cómodo posible. Porque los mineros asumen que se enfrentan a un encierro largo pero aseguran que están viviendo “una injusticia” y añaden: “son muchas las familias que dependen de la mina directa o indirectamente y además, si cierran las minas no hay nada preparado para asumir a todos los desempleados del sector”. Por ello, tienen claro que no abandonarán el Salón de Plenos hasta que se resuelva el conflicto.

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