Cangas del Narcea. Muchas gracias a todos

El momento previo jpg

  Atrás ya la placidez relajante o la frenética actividad festiva y folixera del verano, llega el momento de que cada uno se incorpore a sus diarios quehaceres en la rutina que a nuestras vidas incorporan los primeros días del otoño.

Por el aquel de que “de bien nacidos es ser agradecidos”, permítanme que, ya en esa citada rutina, vuelva la vista atrás y agradecido, orgulloso y plenamente recompensado, aproveche esta página para dirigirme a ustedes y decirles, con voz alta, profunda y agradecida: MUCHAS GRACIAS.

Muchas gracias especialmente a todos los cangueses que nos acogieron con los brazos abiertos y en los que siempre hemos encontrado apoyo, cariño y ayuda. Muchas gracias a los que me propusieron como pregonero para las Fiestas del Carmen de este año. Muchas gracias a los miembros de COFECA que lo aceptaron por unanimidad. Muchas gracias a todos cuantos, desde dentro y desde fuera, me hicieron llegar su apoyo y ánimo y, muchas gracias también, a cuantos lo hicieron tras el pregón. Muchos, fueron muchos, muchos más de los que yo mismo podía suponer y, quizás por ello, los acontecimientos me desbordaron. Ahora ya, desde la distancia, comienzo a darme cuenta de lo que supusieron para mí esos días. Fueron unas fechas pletóricas, de esas que quedan grabadas en el alma para siempre.

Todo comenzó a finales de junio cuando la Librería Treito y Caja Rural decidieron reconocer en un sencillo acto, con la entrega de una placa, el compromiso con la cultura canguesa tanto de mi amigo y compañero en las tareas informativa, José María G. Azcárate, como de quien esto firma.

Ya en plena actividad festiva, y en la noche de día 14 de julio, los miembros de la peña La Carcasa me sorprenden con la entrega de una placa de reconocimiento y de cuyo acto daré cumplida cuenta en artículo aparte.

Y el pregón. Probablemente el hecho de ser pregonero venga a ser un especial premio para quien haya dedicado gran parte de su vida a vivir, defender, difundir y hacer que sea reconocida la actividad que pregona y las gentes, el pueblo, que la da forma y configura. Al menos así fue para mi.

Pese a llevar siguiendo desde el balcón del ayuntamiento el pregón festivo desde sus inicios en esta nueva época y contemplando la muchedumbre que abajo se congrega, toda cambió cuando me asomé este año. Me pareció que los asistentes se habían duplicado, o cuadruplicado, que el ruido era ensordecedor y que los folios me iban a temblar en las manos.

Llegado el momento no ocurrió nada de eso. Me invadió una gran confianza y, como me había dicho el anterior pregonero, el periodista deportivo de Onda Cero, Chisco, me dispuse a vivir y gozar de ese especial momento que se da una solo vez en la vida. Es un momento muy especial. Y muy especial lo que se siente al mirar hacia abajo. Y lo viví plenamente y lo gozaré, como lo gozaron los míos, hasta el final de mis días. Me llovieron la felicitaciones, tanto personales como a través de los nuevos medios de comunicación, aunque seguro que también hubo críticas y merecidas. ¡Nunca me habían dado tantos besos como el día 16 de julio a la salida de la misa de la mañana!.

 Por todo ello: gracias, muchas gracias

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