El garantismo jurídico hacia el delincuente y el papel de fumar de sus señorías

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El desmesurado garantismo de nuestro jueces hacia los delincuentes, que les llevan a tomar decisiones absurdas, si no ridículas,  provocan primero un supino cabreo y después el consabido cachondeo del personal que dejan lo del respeto a la Ley a la misma altura de un calzoncillo con palominos.

Una anécdota, en este caso madrileña: las componentes de una banda de carteristas bosnias que operaba en el metro eran detenidas una y otra vez y una y otra vez puestas en la calle. Y así hasta 330 veces y 330 expediente policiales. Al final, un juez determina la prohibición de que accedan al metro. La decisión no llegó a tener efecto por cuanto la Audiencia Provincial de Madrid, en la aplicación irreprochable de la Ley, anula la decisión en virtud de una retahíla de derechos, artículos, resoluciones, sentencias y retahílas de vocablos que solo ellos entienden y se cuidan de guardar sea así siempre para conservar su cerrado mundillo cual hacían los txileiros de Ibias o los cafeteros de la raya portuguesa-extremeña con sus especiales dialectos para que nadie lograse entender lo que tramaban o perfilaban. Claro que aquello eran falas o hablas residuales y esto otro se define más pomposamente como Lenguaje Jurídico. En consecuencia: ininteligibles unos y otros para el gran público al que, teóricamente, se protege.

Y sigo con la Audiencia y las bosnias. Dicen sus señorías (hay que ver lo pedante que resulta este tratamiento con el que los abogados se llenan la boca una y otra vez) que ni en el atestado policial, ni en el acto del juzgado de instrucción número 47 de Madrid se identifica a las personas a las que debe proteger dicha medida (la de prohibir el acceso al metro a la banda de carteristas bosnias). ¡Toma ya razonamiento!. En los 330 expediente policiales y el auto del juez no figuraba la lista de todas las personas que cogen el metro de Madrid y que debían de ser protegidas de las citadas carteristas y por tanto se atropellaban los derechos de las delincuentes. En consecuencia todas ellas volvieron contentas y felices a su profesión de robacarteras y bolsos en el metro solo que ahora con la bendición, no ya del obispo de Madrid, sino con la de sus señorías de la Audiencia.

No extrañe pues que ante la inoperancia de la Ley aparezcan vengadores tipo  western que se tomen la justicia por su mano convirtiéndose de este modo en garantes de la justicia

el quinto poder

                                                 justicia ciega1

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