La foto y su pie.- Torna agosto en otoño

Domingo. Ocho y media de la mañana. Ha tornado agosto en otoño y los focos aún iluminan las calles. Llueve. Por un momento me dan ganas de volver a la cama. Dejo pasar la tentación, tomo un café. Maribel y yo buscamos sendos paraguas y nos lanzamos a la calle, Carretas arriba, en busca de la pista de tierra que, circunvalando al pueblo, lleva más allá de la Concepción y a la que mis paisanos, jocosamente, llaman la BE-30.

Rachas de agua y viento que no quitan placidez al paseo matutino. Huele la tierra y comienzan a brillas las hojas de los olivos. Ni siquiera suenan los balidos ni las esquilas de las ovejas. Esta mañana no hay visitas a la Virgen de la Concepción. Mis paisanos piden el agua pero a las primeras gotas corren en busca de refugio, tal sucedió anoche con los terraceros.

A la vuelta, con el agua en retirada, suenan las campanas llamando a la misa dominical.

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