NARCEA/BERZOCANA.- Compartiendo camino con el oso (II)

El pasado 18 de agosto hablábamos aquí de como como compartíamos camino con el oso en la aldea de Larna.  (http://www.deaceboyjara.com/2017/08/18/narceaberzocana-compartiendo-camino-con-el-oso-en-larna/). Seguimos haciéndolo a la espera de que cualquier día, en cualquier momento, nos encontremos y, uno de los dos, haya de ceder el paso. Ya les señalaba en aquel artículo que tengo muy presente las normas a seguir señaladas por la Consejería del ramo para estos casos y que podría sintetizar en un saludele sumiso con voz bajita y ceda el paso.

El caso es que una de estas tardes, en nuestra vuelta del paseo, vi en el barro unas huellas. Cosa rara porque no suelo caminar mirando sistemáticamente al suelo, sino a los lados o al ramaje que bordea la senda. Quizás sea ello consecuencia preventiva tras mi caída no ha mucho en un agujero en la vecina Portugal y de cuyas secuelas aún me recupero. El caso es que vi las huellas.

-Mira Maribel, parecen pisadas de un lobo o un zorro

Maribel que caminaba delante se volvió a mirar

-Creo que son muy grandes para ser de lobo. Mira estas, están mucho más hundidas y se aprecia que son demasiado grandes para lobo. ¿Serán de oso?

Miramos una y otra vez, pero nuestros cortos conocimientos al respecto no nos daban para más. Sí apreciamos que las huellas se hundían demasiado para ser de un animal de peso medio. Indicaban que pertenecían a un bicho de mayor peso. Y las garras se apreciaban muy bien.

El nido de avispas

No tardaron dos vecinos que también las habían visto en confirmarnos que eran de oso. Uno de ellos, Gonzalo, que pasaba unos días en Larna, pueblo de su padre, nos contó como el día anterior, en el mismo camino, y al llegar a Camperafita donde tras largo trecho de subida suave, el camino curva y empieza a descender, llegó a ver la trasera del oso enfilando la cuesta abajo. Debe de ser el mismo oso que, como yo, se ha aficionado a los paseos por el citado camino, unas de cuyas bifurcaciones, monte arriba, lleva hasta Arbolente; y que deambula por el mismo camino a éste o aquel lugar donde la comida le sea fácil.

Vicente Poza y Lulo Guerrero nos mostraron diversas pruebas de que el citado plantígrado era habitual en las cercanías del pueblo. En dos o tres lugares se apreciaban perfectamente los sitios por los que, desde los prados, bajaba al camino dejándose caer por las pendientes marcando la traza de la caída en forma de pequeñas fanas en las que tumbaba zarzas y maleza quedando la tierra al descubierto.

Siguiendo sus indicaciones nos dirigimos desde Camperafita unos metros abajo para comprobar como el bicho había señalado un gran avispero despejando su entorno y seguro que dándose un buen festín.

Son bastantes los vecinos de Larna que han saludado al dichoso oso, u osos que vete tú a saber. La mujer de Vicente, Reyes, ya se lo encontró junto al Narcea donde seguramente había bajado a beber, pero desde la vertiente contraria al pueblo. “Me quedé como paralizada. Tenía el pelo como canoso y tan rápido como vino se fue. Llevé una impresión tremenda”.

La misma o menos se llevó otro vecino que se lo encontró “varetxando avellanas” por detrás del entorno de la iglesia parroquial en las afueras del pueblo. Y así te van contando unos y otros.

Yo no pierdo la esperanza de poder saludarlo antes de que ya, con el otoño en puertas, haya de iniciar el camino de vuelta a la rutina de la villa de Cangas.

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