La foto y su pie.- Llueve

He vuelto con el maletero cargado de chubascos. El limpia dibujaba semicircunferencias de agua en el cristal mientras dejaba atrás las sedientas llanuras castellanas. En los caminos se apreciaban pequeños charcos de agua que son de esperanzas para el campo.

Era la lluvia esporádica, de ida y vuelta, sin la constancia e intensidad que se espera en el otoño. Pero era lluvia.

Los cursos de los ríos no han variado y las fuentes y regatos aún no corren. Ya en tierras asturianas se aprecia algún que otro reguero con un hilo de corriente acuosa. Se cierran las nubes y oscurece deprisa. Hacia el Rañadoiro la carretera se llena de piedras y raíces desprendidas de los taludes requemados y desnudos. Es la consecuencia de los incendios.

Lenta y espaciosa la lluvia ha hecho acto de presencia. Y, esta vez, todos la hemos dado la bienvenida

 

 

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