De Cangas a Berzocana.- Ampliación de lo publicado al respecto y otros aconteceres

Las prisas no son buenas consejeras, dice el saber popular. Y a fe que el dicho es cierto. Tal le ocurrió al plumilla al redactar su última “La foto y su pie” titulada “De Cangas a Berzocana” aprovechando la foto de la visita efectuada por la concejal canguesa Begoña Cueto

En el relato de los cangueses que por Berzocana se habían dejado ver citaba a Mario Gómez y María Jesús, y a Jose Avello y Mariluz.

En el tintero quedaron Higinio Guerrero, que un verano allá por los ochenta apareció por allí de improviso con su mujer y sus hijos, y después Ángel Vázquez (Camión) con Marichu y su hija Eloísa, que se acercaron desde Salamanca. También lo hizo su hijo Mario que, ejerciendo de veterinario de saneamiento en la cercana Logrosán, no dejó de aprovechar la ocasión de dejarse ver por la villa villuercana visitando a mi madre y mi hermano.

Y ya que en ello estamos recordaré dos anécdotas al respecto.

Avello llamó la atención de mis paisanos por su peculiar configuración física: alto, delgado, zanquilargudo, de un andar inclinado hacia adelante y con una gran miopía que, en aquel entonces, le obligaba a llevar unas gruesas gafas.

-¡Pero que hombre más feo y más mal hecho!, le soltó Fulgencio Oviedo sin tapujo alguno

-¿Y cómo coños se las habrá arreglado para engañar a una mujer tan guapa y tan bien hecha y casarse con ella?, remató rotundo.

El cangués entró rápido al trapo y alternó a manta extendida los dos o tres días que allí se quedó. Le llamaban especialmente la atención los precios, muy bajos en relación a Cangas entonces inmersa en la gran eclosión minera

-¡Jefe ponga una ronda para todos!, pedía fanfarrón en el bar de Lagares.

Seríamos unos siete u ocho y tan solo yo bebía cerveza. Habré de señalar aquí que en aquel entonces en Berzocana un vino constaba 0, 25 céntimos de peseta y una cerveza 0,60 (0,0015€ y 0,0036€).

Sin dejar de bromear, braceando de un lado a otro del bar y sin dejar de contar aventuras y sucedidos que habíamos perpetrado juntos pidió la cuenta, dejando nada menos que cien pesetas en la barra. Cogió la vuelta y la miró.

-Jefe esto está mal, invité a todos.

Pedro Lagares contó de nuevo

-No fíjese usted. Los vinos y la cerveza, que es más cara, suman esto.

-Repáselo otra vez, dijo Avello que andaba planteando un juego a Oviedo.

Pedro, mosqueado, vino disimuladamente a donde yo estaba

-Mira Pepe que tu amigo se empeña en que la cuenta está mal. Le he cobrado todo y está bien. Creo que él piensa que es mucho, que le engaño, pero es que ha invitado a todos

Me eché a reír y pronto se deshizo el entuerto. Pedro creía que la protesta era por el mucho precio de la ronda y Avello se encabezonó en que tenía que ser mucho más ya que “he invitado a todo el bar”.  Tenía en la mente los precios de Cangas que como mínimo septuplicaban a los berzocaniegos. Aclarada la situación, y para estar todos de acuerdo, sentenció Avello, “pónganos dos o tres rondas más e iguale el vuelto”, le soltó Avello empeñado en que cantásemos, aunque fuese una de Cangas.

De repente Oviedo se volvió hacia Avello:

-Mire usted, jefe, usted será muy alto, pero aquí en mi pueblo, cualquier mozalbete mide dos pañuelos, pero nadie, ni usted siquiera, llega a los tres. Y le apuesto lo que quiera, desafió Oviedo vaso en mano.

-¡Apostado!, contestó Avello, que medía 1,87, entusiasmado

-Ante la general expectación, Oviedo colocó a Avello derecho y con la espalda contra la pared. Sacó el pañuelo, lo cogió de esquina a esquina y midió:

-¡Uno!,¡¡Dos! Yyyyy… un poco más de medio…¡no llega a tres!. Apuesta ganada.

Tanto Avello como yo miramos incrédulos. ¡No llegaba a los tres! Medimos de nuevo y nada, dos y medio más o menos. Yo, dos pañuelos y un pelín.

Ni que decir tiene que aquello terminó en grandes risas, bromas de todo tipo y rondas y más rondas. Pese al tiempo trascurrido, mi amigo Avello aún recuerda todo esto que aquí les describo, e incluso más detalles, con total nitidez.

 

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