CANGAS DEL NARCEA.- Un grito reivindicativo de una niña de 10 años: Laila y Alah

Comentando el cuento. La autora, primera por la izquierda

 

El pasado 15 de abril escribíamos en esta página sobre “Una tarde de cuentos…. y realidades”  (http://www.deaceboyjara.com/2018/04/15/suroccidente-una-tarde-de-cuentos-y-realidades/) sobre el concurso de cuentos anual de la Librería Treito.

Hoy os acercamos uno de los ganadores “Laila y Alah”, firmado por una niña de diez años de una familia de religión musulmana y origen marroquí. Más que un cuento es un grito de libertad de una mujer ante lo que considera “error de Alah” (su Dios) con respecto a la terrible desigualdad que establece entre los deberes y derechos de mujeres y hombres.

Les presentamos aquí su escrito e insertamos un vídeo de la intervención de Laila y del análisis que yo mismo hice del escrito de manera que puedan escucharlo en la vos de su autora a la vez que lo leen.

“Erase una vez una vez una niña de 10 años llamada Laila. Laila vivía en Marruecos, un país musulmán. En esa época las mujeres no podían ir al colegio. Todos los días Laila se echaba a llorar porque su hermano Omar era un niño y podía ir al colegio a leer y a escribir, pero ella no podía, ella solo ayudaría a su madre, Hanan a hacer la comida a los hombres de la casa que eran su hermano Omar y su padre Mohamed.

Un día le preguntó a su madre por qué las mujeres no podían ir al colegio y su madre le contestó:

-Eso lo decide Alah.

Laila respondió:

-¿Y no podría cambiar de opinión?

Hanan dijo que no porque así lo creía ella.

Al cumplir diez años se fue con su maleta y viajó y viajó en busca de Alah. Y no lo encontró, así que se rindió, y como estaba cerca de la casa de su tía Fátima se fue a alojar en su casa unos meses. Al llegar a la casa de su tía Fátima no la reconoció, así que le dijo que era su sobrina Laila. Y en un momento se acordó de ella. Le preguntó qué la traía por allá y le contestó que había venido en busca de Alah pero no le encontró y se rindió.

-Es inútil encontrarlo, Alah no existe, dijo Laila.

Su tía Fátima le dijo que volviera a por él e hizo caso a su tía y se levantó de nuevo en busca de Alah para que las niñas pudieran ir al colegio.

Unos días después se fue al Monte de los Deseos, pidió hablar con Alah y se cumplió. Habló con Alah para que las niñas pudieran ir al colegio y Alah contestó.

-Te has esforzado mucho viniendo hasta aquí. Voy a cambiar de opinión para que las mujeres tengan derecho a ir al colegio.

Laila regresó a su casa y les contó que lo había conseguido. Todos se emocionaron mucho y todas las mujeres fueron a los colegios muy felices.

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