La foto y su pie.- De Berzocana a Larna con el objetivo abierto

La cámara del móvil aún balbucea en las manos de Irene Zanfaño. Sus once años aún no le han dado para el estudio de muchas técnicas o el desarrollo de mecánicas especificas en el mundo de la fotografía. Pero apunta maneras.

De sus fotos agosteñas en Berzocana, entre canchos, encinas, jaras y alcornoques, ha pasado a los enfoques septembrinos de rojos y verdes que le propone Asturias.

Entre pétalos rojos y troncos de apagados verdes, el objetivo se abre a los diluidos tonos pizarrosos de los tejados y el blancor de los muros. Las casas de Larna se aprietan agarrándose a la ladera y, adivinando inviernos, intentan apretujarse en busca de calor.

Al fondo, entre montañas, se abre paso el valle del Narcea.

Y ruego a los puristas de obturadores y filtros que, al menos hoy, me dejen lucir mi orgullo de abuelo.

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