ENCLAUSTRADOS XXXVI.- Añoró el vermú del sábado

Sábado 18.- Comenzamos, o quizás comenzamos ya ayer, un fin de semana que no es fin de semana, al menos así lo percibo yo y creo que muchos de ustedes vendrán a coincidir en ello. Es ya nada menos que el sexto, y el 14 de marzo, fecha en que yo lo inicié, queda ya casi perdido entre la niebla de los días. Y seguimos enclaustrados aunque otros dicen estar confinados, expresión que tiene connotaciones aún más duras y con más carga de obligatoriedad.

Sea lo que fuere se adivina no menos igual que otros no fines de semana deportiveando por los pasillos y tomando el aperitivo en el balcón o la terracita si es que el sol se digna visitarnos con algo, aunque tan solo sea un poquito, de fuerza.

Y es que hoy el citado sol ha vuelto jugar con la mañana y, tras dejarse ver iluminando pequeños balcones y ventanas aún cerradas, se largó de nuevo dejando abierto el cielo a las nubes que no tardaron en ocuparlo.

Me quejaba ayer de que no  reaccionábamos a la impresionante cifra de muertos que estamos acumulando (estamos ya en los 20.000) .Es como si no fuera con nosotros, e incluso denunciaba que seguíamos con nuestras fiestas de exaltación del artista de turno en cada barrio sin tener ningún momento para las víctimas ni sus familiares. Pero también ayer me encontré con una agradable sorpresa. Alguien de mi barrio había colocado en su ventana una bandera con un crespón negro. No sé si algo así habrá sucedido también en otros barrios de Cangas, de Tineo, Ibias, o Degaña, pero este acto me gratificó.

En los paseo de los sábado noto la falta de Alsina. Los programas de fin de semana no me llenan del todo, ni los de Onda Cero ni los de Radio Nacional; echo de menos a Pepa Fernández y su equipo de los fines de semana. Lo mejor es decantarse por la música, bien en Radio Clásica o bien recurriendo a los CDs o vinilos de los que guardo unos cuantos.

Hoy no voy a cocinear mucho, unos huevos de aldea fritos, con sus patatas, un choricito y un poco de jamón extremeño que estoy estirando desde el pasado verano. Pondré ensalada para despistar.

Y así dejaré pasar la mañana reviviendo, cada vez que el sol alumbra un cuanto, aquellos sábados de hace ya casi un mundo en los que las plazoletas se llenaban de vida y ya de vuelta, pasadas las tres de la tarde recalaba en la del Conde de Toreno para echar una parrafada con Camión y familia y bromear con Gil el Astorgano que la gozaba especialmente metiéndose conmigo. Calentaba ya el sol aunque lo aguantábamos estoicamente recostados en las cubas o entre sol y sombra haciéndolo sobre los marcos de las puertas abiertas del bar. ¡Qué no,  qué no saben igual las cervezas bebidas en casa que en el ambiente que aquí comento!. Y estoy seguro que en ello estamos todos de acuerdo. Espero que pronto se haga realidad aquello que cantábamos en las escuelas o en los campamentos: “Volverá a reír la primavera que por cielo, tierra y mar se espera”; aunque eso sí, sin las connotaciones de entonces

Paciencia y feliz jornada

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