¡No me toques!. ¡Noli me tangere!

Portada de la novela de José P. Rizal

No sé qué extraños mecanismo de la memoria se habrán despertado. El caso es que tras el aluvión de salidas producido en el pasado fin de semana al aliviarse el confinamiento obligado, se me puso delante una situación ya vivida, aunque eso sí, en circunstancias muy distintas.

Allá en mis tiempos juveniles, y en los calurosos veranos extremeños, cuando mi pueblo, al igual que otros tantos, se llenaba de color, actividad, olor a mies,  sudores de siega y fiestas, que no de veraneantes que a la sazón no existían, llegaban también los pocos estudiantes que estaban fuera y entre los que predominaban los seminaristas. Eran años de disciplinas, de predominio del pensamiento único, ya fuera este político o eclesiástico, y las normas se llevaban a rajatabla. Y fue este detalle el que se me vino a la memoria.

No salí ni el sábado ni el domingo, y cuando lo hice el lunes a proveer el monedero y resolver algún asunto, al cruzarme con alguien en las estrechas aceras, y como quiera que pasabas rozando, me vino la frase y a punto estuve do soltarla en alto: Noli me tangere. No me toques.

Y es que ésta precisamente era la frase que te soltaban los seminaristas cuando en los juegos callejeros o de plazoleta te acercabas demasiado a alguno o le rozabas. Se volvían como un resorte y te miraban a la cara, casi como enfadados: ¡Noli me tangere!.

Y esto es lo que pensé y estuve a punto de decir al cruzarme con unos y otros que, a buen mirar, caminaban cada uno a los suyo sin ir midiendo ni siquiera por aproximación la tan demandada “distancia social”, uno más de los nuevos e incomprensibles términos que nos ha traído esta pandemia. Uno entiende qué es una distancia física, pero este humilde juntaletras no logra fijar con precisión que carajos es una distancia social y cómo se determina, especialmente dado que las sociedades son muchas y diversas. Y por otro lado, en muchos tramos el cruzarse manteniendo los dos metros es técnicamente imposible.

Por otra parte, les aclaro que la frase de los seminaristas está tomada de un texto de la Vulgata (versículo 17 del capítulo 20 del Evangelio de San Juan) ​ y son las palabras que Jesucristo dirige a María Magdalena al acercarse ésta a él después de su resurrección.

Nada pues es nuevo en este mundo, ni siquiera el procurar no tocar a nadie ni que te toquen, aunque ello sea harto difícil en determinados lugares y momentos.

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