Las berzas más caras jamás habidas

Las berzas más caras jamás habidas

Hoy voy a contarles la historia de las berzas más caras jamás habidas

Foto La Maniega. Mercedes en el lugar de los hechos

Acababa 1.991.  En Bimeda ya se había iniciado fría la mañana cuando una de sus vecinas, Mercedes Ordás Álvarez, de 84 años y que vivía sola, decidió plantar unas berzas, “no muchas porque yo me conformo con poco”, explicó posteriormente. Y es que nunca pensó Mercedes que aquel par de manojos de berzas que plantó “en unos terrenos de nadie”, junto a la carretera, iban a alcanzar el precio más alto jamás alcanzado por verdura alguna.

Mercedes se dio cuenta del desorbitado pecio que habían alcanzado sus berzas cuando se enteró de que de su cartilla de ahorros le había retirado, por orden legal de la Oficina de Recaudación del Principado, la cantidad de 50.000 pesetas (300,51 euros), cantidad más que importante en aquellos años.

La mujer, que no sabía leer ni escribir; se enteró de lo sucedido por la asistenta social de Cangas. Ésta, hablando con Mercedes, se enteró de que había recibido en su día la carta con la notificación de la denuncia y los plazos legales para recurrir. “Dejé la carta encima de la mesa y no me preocupe más de ella, creía que aquello no iba conmigo” se explicaba entonces Mercedes.

Su casa estaba situada junto a la carretera que lleva al Puerto de Leitariegos. Precisamente, en uno de sus márgenes, al lado mismo del pueblo, había unos tres metros cuadrados, que parecían no tener dueño definido alguno, y en los que Mercedes decidió plantar su berzas. Ni ella, ni los vecinos que la ayudaban en lo posible, pudieron imaginar entonces lo que se les venía encima. Nadie supo exactamente de dónde partió la denuncia, pero el caso es que sobre la cuenta de Mercedes cayó una diligencia de embargo firmada por el responsable de la Oficina de Recaudación del Principado, para que sobre aquella se cobrasen las 90.000 pesetas de la citada multa. La deuda no pudo ser salda en su totalidad ya que la cuenta de Mercedes no iba más allá de las 50.000. Salvo unas cuantas pesetas testimoniales que quedaron en la cartilla, el resto de sus ahorros pasaron a engrosar las cuentas del Principado como pago de la multa por la plantación de las citadas berzas en aquellos tres metros cuadrados que, todo apuntaba, pertenecían al Principado.

El asunto saltó a los medios a través de los corresponsales de prensa de Cangas y fueron varios los medios regionales, e incluso alguno nacional, que se desplazaron hasta Bimeda para dar cuenta del desorbitado precio que habían alcanzado las berzas de Mercedes.

Dada la situación en que quedó la mujer, el ayuntamiento cangués decidió adelantar una mensualidad de su retiro, exactamente 23.590 pesetas (41,78 €) “para que pueda comer”, sentenciaba Mercedes. Finalmente una hija de Mercedes que vivía en Madrid se hizo cargo de la multa impuesta a su madre.

El Consejo de Gobierno acordó “revisar el expediente” ya que la anciana, al no saber leer y escribir, podría haber caído en indefensión”. Hubo intervención de políticos diversos y del Delegado del Gobierno, Manuel Ponga, que solicitó al Principado la suspensión de la sanción “sin que por ello quede en entredicho el principio de autoridad”. Y así fue.

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