Una ambulancia, dos, tres….Somos privilegiados

Pese a todos los pesares y tribulaciones que nos está tocando vivir, esta mañana vengo optimista. Permítanmelo ustedes.

Y les aseguro que somos especialmente privilegiados en cuanto a Sanidad se refiere. Tranquilos, tranquilos, no se me alboroten. Si, si, ya sé que hay muchos huecos por tapar y muchos problemas por resolver, pero no hay nada mejor que darse una vuelta por otros lugares y ver y analizar lo que acontece. Alguna ventaja tendríamos que tener, ¿no?

Les cuento este sucedido de hace unas fechas:

Una señora, de 93 años, sufrió una caída. Traslada de urgencia al Hospital y tras las primeras observaciones no se detectó nada roto por lo que se la envió de nuevo a su domicilio suministrándola unos analgésicos.

Pasados los efectos de aquellos, los dolores arreciaron, surgieron los hematomas y la mujer terminó sin poder moverse a causa de los intensos dolores que sufría. No podía mover una pierna y ni siquiera apoyarse en el suelo. Tras una más que mala noche, e idas y venidas de los familiares al consultorio, a la mañana siguiente el médico de cabecera ordena unas radiografías de urgencias para lo cual emite el parte correspondiente y requiere los servicios de una ambulancia para su traslado a otro ambulatorio equipado con los elementos necesarios y que fija para las tres de la tarde.

Pasadas ya las cuatro, una llamada demanda si es el lugar donde esperan una ambulancia, Se les confirma y una media hora después llega un sanitario. Pide desde el portal que baje la enferma. Se le comunica que es imposible. Sube, ve la situación, y determina llamar a otro compañero quedando a la espera en el portal.

Pasada ya largamente otra media hora, el sanitario llama por el telefonillo para anunciar que sigue esperando, que el compañero vive en un barrio lejano y tardará en llegar. Los familiares, uno de ellos médico, comienzan desesperarse y a cruzar llamadas con éste y aquel servicio de tal y cual organismo. Comienza el peloteo de unos a otros organismos y coordinadores de área, de zona, de distrito… mientras el reloj corre sin pausa. Largo tiempo después suben los sanitarios provistos de una silla. Se les entrega el parte y ¡ohh amigos!: sorpresa

-Oigan, dicen con el parte médico en la mano, aquí pone que hay que llevar al paciente al ambulatorio de Argüelles y nosotros solo llevamos pacientes que vayan a urgencias al Hospital, esto corresponde a otra empresa. Lían el petate y márchanse.

Nuevas llamadas aquí y allí y alguien determina que hay que ir al médico de cabecera que haga un nuevo parte. Y de nuevo al ambulatorio al por el papelito mientras la enferma se halla ya totalmente descontrolada por tanta espera, idas y venidas.

Pero ahora resulta que el ambulatorio de referencia cierra a las nueve. Se avisa al departamento correspondiente para que no venga la ambulancia pues ya no da tiempo. Al rato llama el coordinador de distrito o algo así y dice que viene la ambulancia con dos sanitarios y que han llamado al ambulatorio y los esperan. El reloj ha dejado ya atrás las nueve de la tarde hace largo rato.

Pasadas las diez y media de la noche la enferma está ya de vuelta en casa. Le han detectado rotura de pelvis.

Y digo yo, y por lo que yo conozco y he vivido, que ésto es imposible que pase en esta zona, de ahí mi optimismo inicial. Y deduzco amigos que es posible que en Madrid puede que uno no se muera por culpa del bicho dichoso, pero es posible que lo haga por las torpezas de la Administración y los papeleos.

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