El olvidado cementerio musulmán de Barcia, en Luarca, protagonista de una novela

Hay veces, quizás demasiadas veces, en que paseamos nuestras cercanías mirando sin ver y no reconociendo lugares que han formado parte de nuestro pasado, incluso de nuestra esencia.
Y por el aquel de que por esta fechas las ondas de esta casa nos han unido a Sur y Noroccidente voy a salirme hoy de lo que se ha dado en llamar `zona de confort en lo que a trabajo y vida corresponde.
Porque lo al principio apuntado le ha sucedido al luarqués Ricardo Pérez que lo llevó a hacer, de de algo en lo que no reparaba pese a ser su paisaje diario habitual, el origen su nueva novela. Apunta Ricardo: «Viví dieciocho años en Barcia y no conocí el cementerio musulmán hasta los treinta y pico».
S refiere al cementerio en el que se dio sepultura a los soldados del Norte de África que fueron reclutados para luchar en el bando franquista durante la Guerra Civil española. Oculto entre pinos y maleza era, y sigue siendo, poco más que un muro abandonado al borde del camino, algo que estaba ahí pero que nadie se preguntaba realmente qué era.
Ese descubrimiento tardío fue el punto de partida de «El cementerio de la tierra ajena», su nueva obra, en la que convierte el desconocido cementerio de Barcia en eje narrativo. Y aclara el autor: «Preguntando a gente, incluso de la propia zona, sabían que había un camposanto, pero no le dábamos importancia». De ahí surgió la necesidad de llevarlo al papel, rescatarlo del olvido y acercarlo a la gente como lo que considero que es, «una joya arquitectónica injustamente abandonada”.
La novela no solo pretende contar una historia, sino también provocar una mirada nueva sobre el entorno. Pérez no oculta cierta frustración por el estado del lugar. «Está entre la maleza, casi no se puede ni entrar. A mí me parece lamentable», señala, y apunta a la falta de actuación institucional, sin entrar a valorar responsabilidades concretas.
Pero si algo ha marcado el proceso de escritura ha sido el contexto histórico en el que se sitúa la novela: la Guerra Civil. Y ahí, reconoce, el impacto no ha sido solo documental, sino también social. «Hay que tener mucho cuidado al hablar de la Guerra Civil. Parece que si escribes sobre esto eres de un lado, y si escribes sobre otra cosa eres del otro», explica.
Su intención, insiste, ha sido mantenerse en una posición lo más objetiva posible, alejada de etiquetas ideológicas. «Yo hablo de ambos lados en el libro”. Esa búsqueda de neutralidad le llevó incluso a reescribir gran parte del texto. El protagonista, Hamid, un soldado de Regulares, está narrado en primera persona, y Pérez tuvo claro que no quería que su voz fuese la del autor.»Las palabras de él eran las mías y no quería eso. Quería que fuese la opinión de un soldado», profundiza.
En la obra lo único estrictamente real es el contexto histórico. Los escenarios, Luarca y Barcia, y algunos personajes históricos aparecen con nombre propio, pero la trama y los protagonistas son ficticios. «Intentas construir tu visión y ponerla en boca de un personaje, no en la tuya», resume.
Más allá del contenido, el autor también reflexiona sobre el momento actual del mundo editorial, al que observa con cierta preocupación.
En su caso, Ricardo Pérez tiene claro el camino. Tras haber recorrido escenarios más amplios en sus primeras novelas, ha ido acercando progresivamente su literatura al territorio más cercano.
Nuestras felicitaciones y ánimos para el autor de Luarca




