ASTURIAS ha perdido casi el 30% de sus terrenos agrícolas
El campo sufrió una invasión virtual de tecnócratas funcionarios, reguladores y ecologistas urbanos

Entre 2009 y 2020 (datos INE), se ha perdido en Astucias un 27% de superficie agrícola trabajada, así pues en tan sólo once años, estos terrenos pasaron de pasto a matorral. Incluso las vegas con terrenos altamente productivos se fueron abandonando salvo algunas excepciones.
Desde los años sesenta del pasado siglo se ha ido produciendo un éxodo masivo del campo a las ciudades, que concentraban la industria y ofrecían, supuestamente, una vida mejor a los campesinos. Pero, al mismo tiempo que se producía este éxodo, el campo sufrió una invasión virtual de tecnócratas funcionarios, reguladores, ecologistas urbanos y parlamentos políticos desinformados que contribuyeron notablemente a acabar con la tradicional cultura campesina. De esta forma disminuía drásticamente la población a medida que aumentaban exponencialmente normativas y regulaciones
De esta manera la maraña legal y normativa, la burocracia y los procedimientos fueron asfixiando al mundo rural en un acoso insoportable. Afirman los que de esto saben que es urgente y necesario limpiar y desbrozar el tupido bosque jurídico creado desde despachos capitalinos, con un profundo desconocimiento del mundo rural y, una vez limpio, reordenarlo en base a estrategias sistémicas territoriales. . No sirven las soluciones con visiones parciales, departamentales o sectoriales. Son necesarias intervenciones con visiones globales en las que el proyecto es el territorio. Los territorios con futuro serán los que tengan un proyecto de lo que quieren ser a medio y largo plazo. Las comunidades locales juegan un rol muy relevante en la participación y construcción de su propio futuro.
Si no se efectúa una intervención, precedida de un desbroce normativo muy profundo, seguirá el abandono, la despoblación y la invasión de matorrales; y nos encontraremos macro-incendios incontrolables, que el mundo urbano pagará muy caros por haber despreciado a sus progenitores, las aldeas. Los incendios de agosto de 2025, desgraciadamente, no serán una excepción si no algo habitual.
Las políticas rurales, en España, han fracasado debido a factores estructurales, políticos, económicos y sociales interrelacionados. El norte de la península ibérica, caracterizado por pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas, a lo largo de los siglos desarrolló una agroganadería territorial, que va mucho más allá que lo sectorial. Manejaban procesos complejos esenciales para la sostenibilidad y biodiversidad del territorio. Estos procesos nunca fueron entendidos por los impulsores de las políticas de industrialización del campo y tampoco por el ecologismo de la renaturalización que, en los años ochenta, comenzó a tener una fuerte influencia sobre los estamentos políticos, los medios de comunicación y la opinión pública.
Son pues necesarias políticas estructurales y estratégicas para el mundo rural y no declaraciones llenas de buenas intenciones, fácil consumo periodístico o anuncios electoralistas.
Pues que así sea




