CANGAS DEL NARCEA.- Un sepulcro semiolvidado en la Basílica

Sus datos e historia han sido publicados por Juaco López, presidente del Tous pa Tous

En la capilla de Nuestra Señora del Rosario, dentro de la basílica Santa María Magdalena, de Cangas del Narcea, se esconde un tesoro muy poco conocido. Se trata de una tumba medieval que data del siglo XIV y que constituye «uno de los pocos restos que han llegado hasta nuestros días de la antigua parroquia de la villa, del siglo XIII». Quien lo cuenta es el investigador Juaco López, presidente «El Tous pa Tous. Sociedad Canguesa de Amantes del País» y autor de un trabajo que reconstruye este singular sepulcro.

La antigua parroquia se construyó en el siglo XIII y se derribó tras finalizar la obra de la basílica. Según los planos, además de muchos sepulcros en el suelo, el viejo templo tenía tres nichos o arcosolios funerarios en su única nave. Uno es este que aún se conserva y que está formado por dos grandes piedras decoradas. La frontal, cuenta López, «está dividida en siete partes que llevan en su interior tres flores de lis y cuatro rosetas de dos formas diferentes».

También, añade, conserva restos de pintura roja, «circunstancia nada extraña porque entre los siglos XII y XV la piedra en escultura y arquitectura se policromaba, siendo los colores más frecuentes el azul ultramar y el rojo cinabrio». El sepulcro se completa con una tapa con dos flores de lis y cuatro rosetas de diferentes formas. «Es una obra relevante, porque en Asturias no abundan los sepulcros medievales y menos los singularizados con figuras y distintivos heráldicos», resume López.

El presidente del Tous pa Tous relata que la principal incógnita es saber a quien perteneció esta tumba en el siglo XIV. «Lo único que se puede decir con certeza es que en aquel año de 1642 era de un aliado de los patronos de la nueva iglesia, los Queipo de Llano y Valdés, en su pleito contra Lope de Omaña y sus partidarios con motivo del futuro que le deparaba a la vieja iglesia. Los primeros querían derribarla y los segundos, no», cuenta Juaco López en una investigación publicada en la página del colectivo cultural cangués que en aquel pleito «que dividió a los vecinos y a las familias de la villa de Cangas en dos bandos irreconciliables», ganaron los Queipo de Llano y Valdés, que «lucen sus escudos en diferentes lugares» de la colegiata.

Recoge López que «la documentación más antigua que conocemos de este enterramiento la ofrece la escritura de donación que el conde de Toreno hizo en 1676 a la cofradía de Nuestra Señora del Rosario de una capilla en la colegiata, para colocar decentemente una imagen de esta advocación en un retablo nuevo». Según su investigación, en 1676 la tumba medieval pertenecía al linaje de los Cangas y Valcarce.

Un detalle del sepulcro

El investigador cita a Fernando García de Cangas y Valcarce que «había sido partidario, treinta años antes, de los Queipo de Llano en el pleito contra Lope de Omaña». En el último tercio del siglo XVIII la propiedad del sepulcro pasó por herencia a la casa de Miramontes, originaria de la parroquia canguesa de Cibea.

Último enterramiento en 1826

«Es probable que la última persona que se enterró en esta sepultura del siglo XIV fuese José Alfonso Argüelles, que murió el 29 de octubre de 1826. Su funeral se hizo el día 31 de ese mes con la asistencia de treinta sacerdotes», relata Juaco López. No obstante, considera que no es seguro que sus restos sigan en el sepulcro porque «su partida de defunción dice que ‘fue sepultado arriba del arco de la capilla mayor’, una cita algo confusa, pero cuesta pensar que este personaje, último de su linaje en Cangas del Narcea, no se hubiese enterrado con los suyos».

Así las cosas, quien se adentre en la basílica canguesa, construida entre 1639 y 1642, “bien puede hacer una visita a esta coqueta capilla para conocer un sepulcro con mucha historia”.

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R. Mera