SUROCCIDENTE.- Y Úrsula definió y puso en valor el hacer de la mujer rural

Úrsula Villabrille, pastora de cabras del Valledor (Allande), recibía el jueves en Vegadeo el premio Mujer Rural de Asturias y lo dedicó “a todas las mujeres anónimas cuya historia no sale en los periódicos y que no se suben a un escenario para ser reconocidas por su trayectoria”. “Su historia y su trabajo también importan”, subrayó.

«No quiero sentir que este premio es solo mío, quiero compartirlo con todas las mujeres que me han enseñado a que ser mujer rural no es solamente vivir en un pueblo. Es cuidar, es trabajar, es sostener, es tomar decisiones, es levantarse muchas veces cuando la vida te hace caer, y, también, es tener la valentía de cambiar las cosas, para que las que vienen detrás puedan tener una vida un poco más fácil que nosotras», señaló Úrsula en el acto de entrega de este galardón que concede la Red Asturiana de Desarrollo Rural (Reader).

Para Villabrille, al frente de una explotación caprina con 250 cabezas, este jueves fue un día de muchos nervios y emoción porque, apuntó, «a una le enseñan desde pequeña a trabajar, a cumplir, a luchar, a seguir adelante, pero no a cuantificar el valor de lo que hacemos». Para resumir una trayectoria de veinticinco años de esfuerzo y aprendizaje echó mano de dos mujeres que la precedieron: su abuela Adelina y su madre, Elena. «Dos mujeres valientes, dos mujeres que son mis ídolos, dos ejemplos y referencias».

La primera nació en los años veinte del pasado siglo en un pueblo de siete casas y sacó sola adelante a una familia de dieciséis hijos. Se enfrentó primero a la ausencia de su marido, sereno en Madrid, después a su pérdida y a la de cinco de sus hijos. Su madre, que tuvo seis hijos, también enviudó joven. Ambas siguieron adelante porque «el campo no entiende de alegrías o penas, de domingos o festivos», sostuvo, en un emotivo discurso en el que también tuvo una mención especial para su marido y su hija «porque convivir con una mujer emprendedora no siempre es fácil».

«Nunca olvidemos que detrás de cada pueblo, de cada casa, de cada explotación, de cada familia, hay mujeres que han trabajado, cuidado, luchado y construido. Mujeres que merecen ser escuchadas, mujeres que merecen ser reconocidas, y mujeres que necesitan sentirse orgullosas de su historia», concluyó Villabrille.

El jurado la eligió por su apuesta por la raza caprina bermeya, autóctona de Asturias y en peligro de extinción, pero, también, por realizar una actividad ganadera en una de las zonas más aisladas del Principado, la parroquia de San Martín del Valledor, y hacerlo con métodos innovadores como el uso de drones para el control del rebaño. En el Valledor, Villabrille no solo es un ejemplo por su actividad ganadera, sino también por su implicación social: es secretaria de la parroquia rural y fundadora de la Asociación de Mujeres del Valledor (AMUVA), que surgió hace unos tres años y cuenta con más de 80 socias.

.Comparte en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Pin on Pinterest
Pinterest
Share on Tumblr
Tumblr

R. Mera